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Hace 14 años, hubo un listo que filtró que se iba a decretar una moratoria urbanística previa al primer PTI y, en apenas unos días, salieron proyectos y promotores de debajo de las piedras para saltarse la Norma. Y algunos, incluso recibieron la preceptiva licencia municipal en cuestión de horas. Años después, hubo otro listo que previno con quién cabía negociar y con quién no para evitar a la administración el pago de costosas indemnizaciones por haber paralizado estos proyectos. Y los juzgados impusieron el pago de una lluvia de millones de dinero público a los afectados por obviarlos.

Con el tiempo, empezaron a frecuentar los listos, y eran tantos que en muchas administraciones se funcionaba a 'dedazo' limpio. Bajo la apariencia de rectitud y legalidad, corría el dinero. Y los listos eran tan listos que se liaban con otros listos para no dejar rastro y ocultaban la recompensa bajo las alfombras.

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Hasta que llegaron los fiscales anticorrupción y empezaron a barrer las instituciones, pero los listos -que aún quedaban- se preocuparon de que solo hubiera dos para que, superados por la realidad, no alcanzaran a levantar todas las alfombras ni a 'pillar' a todos los demás listos que se habían lucrado a nuestra costa.

Y aunque los fiscales hacen ahora recuento y dicen haber recuperado 50 millones y encarcelado a 30 políticos corruptos en siete años, todo parece poco. Porque aún hay listos que siguen cerrando los ojos ante las ilegalidades de otros listos. Y otros que, ya fuera de las instituciones, no llegarán a recibir tampoco el castigo que merecían. Pese a lo mucho que ha llovido desde el primer caso (Andratx), los listos se han ocupado de que no haya más que un Horrach y un Carrau en las Islas.

«¿Que por qué no denunciamos?», me dijo el otro día el cargo orgánico de un partido en Menorca. «Porque cuando los fiscales puedan meter baza en esto, ya ninguno de los implicados seguirá en activo». Sin justicia, ya solo nos queda un consuelo. Poner cara de tonto y pensar: el infierno estará lleno de listos.