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Dicen que no estamos teniendo verano, o que por lo menos es atípico este verano 2014. La cuestión es que sí o sí cuando aprieta el calor los cuerpos lo notan y se vuelven intransigentes. Todo molesta: desde el que conduce, hasta el compañero de trabajo. ¡Tienes más manías que menos! A la hora de salir de casa vas como las fichas de la oca 'de establecimiento a establecimiento y porque me toca' en busca del aire acondicionado; o la sombra con corriente de aire; o de helado y polos; abanicos; agua fresca; spray de agua; fruta... Cualquier artilugio, cosa o alimento es válido para estar fresco por dentro y por fuera. Con el calor viene unido a ello la peculiaridad de que los baños están cerrados al público de masa. Solo se reserva este habitáculo al cliente que consuma. Lo puedes llegar a entender en la restauración pero no en los edificios del estado que todos pagamos para mantenerlos.

Hace unos días una amiga me cuenta que fue a hacer unas gestiones a un edificio perteneciente al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, y a la persona que repartía número le preguntó dónde se encontraba el servicio. Ésta le contesta que solo es para el trabajador que en caso de que fuera muy urgente se lo abrirían -mirándole la tripa de ocho meses de gestación-. Mi amiga se le quedó mirando y le dijo «entonces es como volver a parvulario le tengo que decir a usted el porqué de mis intenciones en el baño cuando tengo necesidad imperiosa cada diez minutos de hacer pipí. Y ese hombre de allí y esa mujer de allá, le tienen que decir que padece de próstata, o que tiene una bolsa por una colostomía, o que va de diarrea».

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¡Por el amor de Dios! El calor, los baños cerrados y a eso se le suma el aturdimiento mental. Cuando has pasado el umbral del cabreo, y el cansancio se apodera de ti, atontándote. Es, en ese momento, cuando tu pareja está histérica por encontrar el mejor sitio de trozo de arena de playa y a ti te da igual plantar la sombrilla aquí o allá. O que no has comprado la marca del producto que quería para cocinar; o que las 'obras de la calle' vuelven a dar el tostonazo. Todo te da igual. No piensas discutir, ni malgastar la poca energía que te queda.

El resultado es el siguiente: calor, recto restringido hasta que vuelvas a casa, sumado al semblante del atontamiento: hombros caídos hacia delante, expresión seria o con leve sonrisa según contestación que le des a tu pareja. No emites palabra alguna. Los ojos están entreabiertos con la única intención de llegar a septiembre aunque sea arrastrándote y decir, eso sí, de cara a la galería que has pasado un verano 'maravilloso'.