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Aquellas personas que me honran leyendo mis artículos en el diario MENORCA, seguramente se recordarán que no han sido pocas las veces que he señalado en estas mismas páginas el torpe camino que lleva nuestra clase política y sus presumibles consecuencias.

Los políticos deben cambiar y cuanto antes lo hagan, mejor. La corrupción no sería el grave problema que es si los partidos expulsaran a los corruptos tan apenas detectarlos, que hayan ocupado o para vergüenza ajena sigan ocupando cargos públicos. Y no solo no hacen eso, si no que de una forma inexplicable los incluyen en sus listas electorales.

La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ha dicho: «Entiendo que los ciudadanos estén hartos de los políticos, tienen razón».

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Se puede decir más fuerte, pero difícilmente se puede decir más claro. Por eso ahora no son pocos los que ni les llega la camisa al cuerpo y empiezan a preguntarse si no se ha ido demasiado lejos con todos esos privilegios en jubilaciones, sueldos, viajes, dietas, teléfonos y un largo etcétera que culmina en una especie de blindaje jurídico aderezado con indultos en demasiados casos. El político cree que por su 'trabajo' es merecedor de toda suerte de privilegios. Están completamente equivocados. No se dan cuenta que su puesto es transitorio, que son trabajadores elegidos en las urnas para gestionar la convivencia de la ciudadanía y todo lo que eso lleva implícito. Pero nada más.

Podemos no es un partido político generado por casualidad si no por pura necesidad, como una esperanza ante la gestión tan deficiente y tantas veces equivocada, por ejemplo de hacer entre otras cosas que carguen con la crisis precisamente quienes no la han generado, yéndose de rositas los que sí han hecho que la crisis tenga el calado que en nuestro país ha tenido.

Una casta política que parece estar viendo pasar el tiempo en la esperanza de que den resultados las duras medidas que han impuesto sin ser, ni siquiera, discutidas en el Parlamento. Medidas a costa de los de siempre. Mientras tanto afloran un día sí y otro también los corruptos de todo pelaje sin escrúpulos que se han llevado a paraísos fiscales los millones en sacos. Se dilatan los procesos judiciales interminables, aflorando, normalmente, esa figura que le avisa al juez que no se rompa más la cabeza que 'aquello' ha prescrito.

La ciudadanía se harta de los políticos y dice Cristina Cifuentes que tienen razón. Todo y que aquí la ciudadanía tiene una paciencia y un aguante a prueba de casi todo y mil veces demostradas. Pero aun así, todo tiene en esta vida sus límites. Por eso, algunas veces la ciudadanía acaba por pasar por encima de la barda de la cordura. Para entonces, las consecuencias suelen ser imprevisibles y en nuestro caso no será porque no se manden constantes avisos, por ejemplo el del partido Podemos, que con un par de veces de ir a las urnas puede ser ya la tercera fuerza política, con serias pretensiones de llegar a ser cuando menos se espere, el partido mayoritario de la oposición.