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Hoy si quisiera podría hacer un copia y pega de alguna columna de verano del año pasado, o del otro. Porque llega el momento del biquini, las dietas, la ropa veraniega, y vuelve a repetirse la misma literatura, las mismas palabras, las mismas retahílas, las mismas observaciones. ¡Que sí! que está el verano y que hay que adelgazar, y comer sano, y hacer deporte, y vestir con telas frescas. Lo que cambia es el nombre, ahora es la dieta de la sandía, la moda navy, imperando el azul cobalto. No sé para qué tanto papel, tantas páginas webs, o bloggers diciendo todas lo mismo, con la apreciación que cambian los nombres. Supongo que para no aburrirnos, o para que nos traguemos lo mismo con otra piel. Pero realmente si tratas la información como tal es la misma siempre. Si coges un periódico, te dirá que los políticos los de hoy y los de mañana roban, se benefician, hacen trampas. Siguen habiendo por desgracia acoso escolar, muertes, abusos, asesinatos. Hay que seguir pagando a Hacienda. Por ventura también hay nacimientos, inventos, éxitos. Buenas noticias.

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Nuestro mundo es cíclico, repetitivo, circular, global. Lo único que cambia son tus ojos, tu forma de mirar toda esta información, y el sentimiento que te provoca. Hay personas que se lo toman al pie de la letra, todo lo que reciben, y lo cumplen a rajatabla. Y están los otros, los que se arriesgan a estar fuera del círculo, de la zona de confort. Como el caso del niño de la maleta. Un padre que trabaja en una lavandería de Las Palmas y de manera legal quiere reunir a su familia trayéndose a su hijo de 8 años procedente de Costa de Marfil, y porque le faltaban 56 euros no lo puede hacer, porque su nómina no es suficiente para mantener a cuatro miembros, 1.331 €/mes, así se lo comunica la Oficina de Extranjería. Qué es lo que hace el padre, ir por la vía no legal, con la conciencia de que está luchando por su familia. ¿Usted hubiera hecho lo mismo? El padre ya ha salido de la cárcel bajo fianza, pagada por su mujer Lucie Ouattara, 5.000 euros. Lucie recoge a su hijo de un centro de menores de Ceuta, donde ha permanecido un mes desde que llegó dentro de una maleta. Y después Lucie recoge a su marido Ali Ouattara en el Centro Penitenciario de Algeciras, muy conmocionado. Esta información, es esperanzadora, ilusionante, nueva, novedosa, bella, irrepetible. Se funden en un abrazo enormemente feliz. Estos gestos son los que cambian sin duda la historia, lo que hace que un año no sea igual a otro. No hace falta inventarse nombres, ni historias, ni milongas para vender más. Este inicio de verano 2015 lo recordaré por el niño de la maleta, Adou, y no por el azul eléctrico.