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Tan gratos para conversar.., no hay como el calor del amor en un bar. Así seguía la letra de la canción de un conocido grupo musical ochentero, Gabinete Caligari, el mismo que nos puso en el camino a Soria o le echó la culpa de todo al chachachá. En Menorca tenemos 1.203 establecimientos, entre bares, restaurantes y cafeterías, así que según los datos del Consell y el Observatorio Medioambiental, nos toca a un bar por cada 78 almas. No está nada mal.

Y eso que cualquiera que esté en el negocio, a un lado u otro de la barra, sabe que no es este un ranking en el que seamos líderes, no llegamos a la querencia por el txikiteo, el tapeo o el vermú de otras regiones, pero se consigue mantener un nivel digno. Resulta curioso que en los peores años de la crisis se mantuviera estable, e incluso con pequeños incrementos, el número de negocios en Menorca, en torno al millar, llegando hasta los 1.238 en 2013 para bajar a 1.203 el año pasado. La criba, teniendo en cuenta la pérdida de nivel adquisitivo de la gente en general, no ha sido tan fuerte como podía esperarse: son mayoría los que pese a la presión impositiva, a las dificultades, al recorte del presupuesto familiar en ocio -y ahí entra el salir a tomar algo-, han sobrevivido.

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También influye el hecho de que montar un negocio es una de las salidas que buscan muchos parados, sobre todo a edades en las que, aún jóvenes o empezando la madurez, quedan expulsados del mercado laboral. Hay que reconocer además a este sector que en los últimos años ha hecho un enorme esfuerzo por adaptarse a la demanda, por innovar, por importar costumbres como el ir de pinchos y por poner al alcance de diferentes bolsillos exquisiteces gastronómicas, con jornadas y otros eventos que han tenido por objetivo fidelizar a los clientes y movilizar al resto, a los que se quedaban en casa.

Al final -ríanse de Facebook-, bares, cafés o restaurantes siguen siendo algo más que lugares donde beber o comer, son nuestro espacio tradicional para relacionarnos.