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Los Reyes Magos están a punto de llegar y a mí ya me han traído un libro, «Geografies del vent», de Pere Gomila, publicado en la colección Revers Poesia de la editorial Arrela. Lo cierto es que me la han traído un poco tarde, porque la primera vez que fui a comprarlo me dijeron que se había agotado de forma fulminante, lo cual es un gran éxito para un libro de poesía y merece una sentida enhorabuena por mi parte, pero ya dicen que nunca es tarde cuando la dicha es buena.

Pere Gomila lleva media vida escribiendo poesía; si no me equivoco este es su quinto libro de poemas, pero ya se sabe que en estos casos quedan siempre en casa muchos versos inéditos merecedores de ver la luz. La primera vez que oí hablar del poeta menorquín Pere Gomila fue nada menos que en 1973, cuando Josep Maria Llompart y Maria Aurèlia Capmany estaban en Menorca y se pasaron por Alaior para descubrir a un genuino poeta –un poeta de soca-arrel-, según les oí comentar.

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Ha llovido mucho desde entonces, pero la poesía de Pere Gomila sigue alimentándose de los sentimientos que despierta en él la vida de lo que tiene más cerca, la realidad cambiante de la isla de Menorca, con una visión serena, entrañable, cargada de seriedad y de autenticidad. Ajeno a fastos y autobombos, meticuloso en la construcción de su universo poético, ceñudo a la hora de recitarlo, yo conozco muy poca gente que viva tan intensamente su vocación, que sea tan responsable de cada palabra, de cada gesto, de cada imagen. Me da la impresión de que este escritor merece mucho más de lo que se le ha reconocido hasta ahora, pero que no aspira a otra cosa que a lograr la obra bien hecha, como quien persigue la obra maestra. Doble enhorabuena.

Pere Gomila, además, escribe en los papeles; realiza una encomiable labor de crítica constructiva, algo poco frecuente, en el diario MENORCA, donde mantiene vivo un interés por lo nuestro que nunca ha sido generalizado, pero con los tiempos que corren aún ha perdido empuje. Malos tiempos para la lírica, pero también para la lectura en general. En eso Pere Gomila sigue el ejemplo de su padre, Arcadi Gomila, un hombre casi centenario que mantiene toda su lucidez y que siempre se me ha antojado el arquetipo del respeto y la corrección. Triple enhorabuena. Si hay que romper una lanza en esta tierra todavía apartada de la mano de Dios –como no sea el dios de la quincalla de todos los veranos-, yo apuesto por Pere Gomila y por su geografía certera que nos apunta entre ceja y ceja.