Éxito editorial y secuela cinematográfica taquillera, la saga de Grey y su tórrida relación escenifica la dominación masculina y la sumisión femenina como si la historia que nos cuenta fuese algo excitante. La transgresión resulta tentadora y tampoco nos gusta parecer represores mojigatos. La voluntad total de uno anula la voluntad de la otra, mientras la belleza de los cuerpos y los rostros agradables ocultan mentes tortuosas con fantasías de poder y de lujuria. Hombre y mujer son antagonistas que buscan el placer sin más pretensiones ni compromisos.

En la Rusia actual, ya se puede pegar impunemente. Putin y Trump son machos alfa que añoran tiempos autoritarios Si añadimos el papel subordinado de la mujer en numerosos países y su explotación de mil caras distintas, el panorama es desolador. La violencia se educa desde temprana edad en casa o en la escuela.

Hablar de la igualdad puede ser una generalización vacía si nos impide ver a cada persona concreta, real, única e inclasificable. Esa que goza o padece, anhela o trabaja, manda o es utilizada. Sin caer en esquemas o en burdos estereotipos. La lucha por la dignidad y la felicidad no distingue entre sexos, edades o culturas...

Si tienes la suerte de encontrar a la persona que amas y con la que quieres compartir tu vida, verás como nada te quita. No te humilla ni te anula ni te utiliza; no te esclaviza ni te controla. Solo el amor te hace libre y necesario.