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Me pregunto si todos nos reímos. Esta semana saltó a las redes sociales unas imágenes que se han hecho archiconocidas en poco tiempo. Un profesor de ciencias políticas ducho en temas de Corea del Norte es entrevistado en la BBC a través de una webcam. El hombre estaba hablando en su despacho de casa cuando aparece su hija mayor de unos 3 años y el bebé con andador. Así, en cuestión de segundos, abre la puerta la madre y los coge muy apurada. Y nuestro mundo se ha reído, con ellos o sin ellos. Los más rápidos han hecho parodias mil. En este vídeo veo cosas que corregir. Iré desgranando una a una. Si no quieres que tus hijos te interrumpan una conexión en directo lo mejor es no hacerlo en casa. Y si no hay más remedio cerrar con pestillo, y comunicarle a tu mujer que en esas horas no quieres que te interrumpan. Eso es trabajar en equipo. Pero supongamos que no te ha dado tiempo en decírselo a tu mujer, entonces estás expuesto a que te pase lo que ocurrió. Descrita la escena, vendría la segunda propuesta para mejorar. Integrar a tu hija, no apartarla de un manotazo. Dirigirte a ella diciéndole que ahora no puedes atenderla porque estás respondiendo a un señor. Y que no son los abuelos que ella espera. Respecto de su mujer -que irrumpe la escena a la desesperada al alcance del bebé en correpasillos, como si no hubiera mañana-, de haber sido ella con aplomo le hubiera dicho a mi pareja y al entrevistador «hola. Perdón, pero ya saben que los niños son niños», les hubiera cogido como personas, no como conejos de una chistera de mago. Sé que es difícil por la situación. Pero le damos demasiada importancia al directo, y al contenido.

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Cuando las formas están por encima de todo. Sobre todo en tratar a los niños como se merecen como personas. Y respetando sus derechos. Por eso me asombra que un profesor de universidad haya actuado así. Le importa más lo que dice que lo que hace. Lo curioso que nadie se acuerda de lo que hablaba pero si de la imagen. Y también me asombra que estas imágenes se hayan publicado con el consentimiento del hombre, y no haciendo consulta previa a su mujer. Y mi tercer asombro es que el mundo se ría con esta escena, eso quiere decir que aún nos queda mucho por trabajar en los niños. Siempre digo lo mismo y si esa escena lo hacemos con sus padres ya mayores. Le cae a este profesor la del pulpo, ¡lo inhumano que habría sido apartar de un manotazo a su pobre madre. Y su anciano padre agarrado sin desmedida por su mujer!. Seguramente hubiera sido otra realidad, se les hubiera invitado a salir con educación de la habitación.