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Y yo complicándome la vida. Mi hija de casi tres años ha dejado el pañal. Su «coco» está lo suficiente maduro para hacer sus necesidades en el baño. Un trabajo de maduración por su parte y de acompañamiento de su maestra y los padres. Un éxito para todos. No me entretendré en los pormenores. En alguna columna hablé de ello. Pero sí hablaré del presente. Empezaré asumiendo que no soy una super mother. Tocaba hacer colada de ropa blanca y toda su muda estaba por lavar. Pero por si acaso buscaba entre dos montones de ropa limpia alguna braguita. Y nada. Y mientras subía desesperada la ropita, el minutero del reloj avanzaba para ir a la escuela, haciendo la tercera montaña, porque quería evitar ponerle el pañal como alternativa, me veo a mi pequeña con la braguita del bañador. Que sencillez sublime para decirme sin palabras, ni grandes argumentos «mamá, sé que quieres ponerme mi muda limpia, pero aquí tengo este culetín que hace el mismo efecto. Y así no me pones pañal» Me rendí a su alternativa. Hay que ser flexibles con nosotras mismas. Ya lo dice Carlos González, el pediatra, «si quieres que tu hijo coma una manzana y él quiere plátano, no te enfades. Tu objetivo es que coma fruta». Pues eso traspolado a la muda. Y en vez de ella con 34 meses era yo la adulta empecinada en la dichosa prenda. Pues toma lección de mi hija.

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Si los adultos estamos abiertos a que nuestros hijos nos enseñen, es mucho más fluida la crianza y educación. Otro ejemplo: hace unos días compré para el baño otro cepillo de cabello, de estos que se acoplan a la palma de mano, son muy pequeños y sirven para desenredar el pelo. Pues ella algunas veces lo utiliza como peine, pero después a lo largo del día es su móvil. Una vez la rectifiqué, le dije que no era un teléfono sino un peine. Ya no lo he vuelto a hacer. Es su imaginación, su creatividad la que está floreciendo. Ella sabe perfectamente que es un peine, pero su cerebro imaginativo –el lado derecho está más desarrollado, que el izquierdo que es la razón- le hace ver que es un móvil. Y hace uso de él. Llama a su nonno, a su tía, … y mantiene su conversación. Me parto con ella. Observándola sé que ya es creativa. Eso me da pistas para guiarla en su camino. En este aspecto recuerdo que mi madre nunca me cortó las alas a la imaginación. Recuerdo una vez, de adolescente, que le contaba mis aventuras con un cantante que nunca conocí solo estaba en mi cabeza. Y mi madre nunca me dijo «a ver Ariadna qué dices, si no lo conoces siquiera personalmente». Ella me seguía la corriente. Ahora se lo agradezco porque sí soy bastante creativa, y me gusta todo lo que tenga que ver con el arte. Claro, mi padre era el que aguaba mi fiesta mental. Él era la realidad. Pero también se lo agradezco, porque sus palabras eran serenas y naturales. Nunca me avergonzó. Así estaba un poco en la tierra y el resto volaba.

@sernariadna