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Aunque la experiencia invita a la cautela y los antecedentes obligan a que el escepticismo acompañe cualquier buena noticia relacionada con el transporte aéreo en Menorca, la aplicación del descuento del 75 por ciento por parte del gobierno de Mariano Rajoy en los viajes interislas es, probablemente, el mejor anuncio que hemos recibido en mucho tiempo.

Solo la arbitrariedad que parece marcar el importe de las tasas aeroportuarias por parte de las compañías, o una subida de los precios tras este anuncio, pueden cuestionar en parte lo que los isleños debemos interpretar como una conquista que llega felizmente rebotada gracias al diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, a cambio de apoyar los presupuestos generales. Ha sacado oro para su tierra y Balears se ha beneficiado de ello, pues bienvenido sea.

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El 75 por ciento de descuento es una herramienta tangible, práctica, que puede permitir, por fin, tender puentes de verdad con el resto del archipiélago en todos los ámbitos. En suma, supondrá viajar a las otras islas próximas, prácticamente siempre que a uno le interese y le apetezca, y no cuando tenga que hacerlo por necesidad u obligación que eran las causas más frecuentes hasta ahora.

Bajo cualquier consideración, no es lo mismo pagar 60 o 70 euros que abonar 20 o 30, rodeando cifras, para plantarse en la Isla mayor o, incluso, hacer una escapada hacia las pitiusas, cantidades que aún serán inferiores si el viaje se hace por mar.

Hasta que la clase política consiga algún día que este descuento apropiado a la práctica totalidad de los bolsillos sea extensivo a la conexión con Barcelona, fundamentalmente, y Madrid, Son Sant Joan se convierte en un aeropuerto lanzadera para menorquines e eivissencs en función de los múltiples destinos con que cuenta la instalación mallorquina, sobre todo en temporada alta. Estamos de enhorabuena.