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Hace unos años el coach Victor Küppers contó en una conferencia sobre actitud personal y motivación una anécdota que le había ocurrido al reservar un hotel de playa. A través de Twitter pidió que le recomendaran un establecimiento en un lugar costero. Víctor comprobó que había un nombre que se repetía con frecuencia. Cuando visitó la página web del hotel, comprobó que no tenía fotos de las instalaciones. Por tal motivo, escribió un email pidiéndole si le podían mandar algunas fotos del establecimiento para convencer a su pareja de la elección. La responsable de la dirección del hotel le respondió: «Apreciado Víctor. Le voy a ayudar a convencer a su mujer. Es verdad que no tenemos fotos de las habitaciones porque estamos renovando nuestra página web. Le pido disculpas por ello. Éste es un hotel pequeño y al jefe le ha dado por reformar. ¡Qué le vamos a hacer! Se aburre. Lo que he hecho es subir a la habitación que creo que mejor les encajaría con los niños a hacer unas fotos con mi cámara personal. Se las adjunto con este email. Si a su mujer no le gustan las habitaciones, dígamelo, que hablaré con el jefe para ver si las puede cambiar (¡puestos a reformar la web ya no va de un par de habitaciones!). Si necesita más fotos, solo tiene que pedírmelas, es un subir y un bajar, usted pida. ¡Será por fotos! Le esperamos, pronto, a su disposición. Ana, responsable de recepción».

Gracias a esta anécdota, Víctor Küppers defiende que «todos somos bombillas». Hay personas que van por la vida a 30.000 vatios (como la recepcionista del hotel) y otras que caminan fundidas. Al igual que las bombillas, todos transmitimos energía. Sin embargo, la luminiscencia es muy variada. Esto influye en lo que vale una persona. Según Víctor, el valor personal se puede calcular a través de una sencilla fórmula: (conocimientos + habilidad) x actitud. Los conocimientos son importantes. Gracias a ellos nos especializamos en una materia y podemos desarrollar con éxito una profesión. Asimismo, la habilidad y la experiencia son fundamentales. Sin embargo, el aspecto más relevante de la fórmula es la 'actitud'. Es lo que determina el aprecio de los demás. El conferenciante apunta a que las elecciones más importantes que tomamos en nuestra vida vienen motivadas por la actitud. Nuestros hijos, empleados o amistades no nos eligen ni por los conocimientos ni por las habilidades, sino por la actitud.

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¿Qué podemos hacer para brillar como bombillas recién salidas de fábrica? ¿De qué depende nuestra actitud? ¿Podemos transformar nuestra manera de ser para transmitir más energía? ¿Qué diferencia existe entre una persona mediocre y otra fantástica? ¿Se puede mejorar la convivencia social si fomentamos un nuevo talante? La actitud es la disposición de ánimo manifestada de algún modo. Se trata, sin duda, de un aspecto esencial en la construcción de la felicidad. En ocasiones, por desgracia, las circunstancias de la vida pueden ser muy desfavorables. Problemas de salud. Discusiones de pareja. Mala relación con los hijos. Estrés en el trabajo. Ruina económica. A pesar de vivir en la parte más próspera del planeta, sentimos, en ocasiones, que nuestros problemas no tienen solución. Un túnel cierra nuestra mente y obnubila cualquier atisbo de esperanza. No podemos elegir los problemas que surgen en la vida. Sin embargo, sí que estamos en disposición de elegir nuestra actitud frente a ellos. La fortaleza de una persona –¡eso que le hace brillar como una bombilla de 30.000 vatios! - es esa capacidad para afrontar las dificultades y transmitir a los demás una manera de ser que genera esperanza, ilusión, fuerza.

Vivimos en un mundo aquejado de una crisis de estado de ánimo. Por tal motivo, cuando encontramos a una persona como Ana, la recepcionista del hotel, sonreímos y pensamos: ¿de dónde habrá salido? Hemos llegado a un punto de pesimismo que nos sorprendemos cuando alguien transmite unas ganas y energía arrolladoras. Quizá sea el momento de repensar nuestro sistema de aprendizaje. En vez de insistir tanto en los conocimientos (muchos se olvidan) y en las habilidades (no todo es experiencia), deberíamos centrarnos en el fomento de la actitud en todos los aspectos de la vida: trabajo, relación de pareja, hijos, proyectos de futuro, etc. ¿Qué pasaría si esa energía invisible recorriera con abundancia nuestra sociedad? Ya lo decía Viktor Frankl, superviviente de los campos de exterminio, «al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino».