TW

Viajar es tremendamente peligroso. No porque tengas que montarte -la mayoría de veces- en un avión durante un porrón de horas, encomendándole tu vida a la pericia del capitán que pilota un pajarraco de tropecientas toneladas. Ni tampoco porque el ser humano esté tan zumbado como se empeñan en mostrarnos en la tele. Viajar puede ser peligroso porque implica la posibilidad de conocer, de descubrir y de comprobar, entre entras cosas, y eso es fatal para los prejuicios.

Afortunadamente he viajado más de lo que jamás habría imaginado aunque mucho menos de lo que me gustaría -estoy en ello- y el bagaje es mucho más positivo que negativo. He conocido muchísima gente de muchos países y he comprendido más y mejor cosas que desde la distancia nos resultan extrañas. He coleccionado un buen puñado de fotografías pero guardo celosamente muchos más momentos que me acompañarán lo que me quede de vida o lo que la memoria me deje.

Noticias relacionadas

Viajar es peligroso porque te puede hacer cambiar de idea, de opinión o incluso de prioridades. Puede, por ejemplo, reinventarte el concepto de lo que es caro, de lo que es lujoso o de lo es importante. Ir a un acuario para ver tiburones es mucho más caro que nadar con ellos en libertad. Lo primero cuesta menos dinero pero la sensación que vives con lo segundo es inigualable. Y más cuando se te aparece por sorpresa uno por la espalda y te pasa tan cerca que se te congela la sangre, se te escapa todo el aire y empiezas a negociar una tregua con la autoridad divina que esté de guardia para que aquello quede en un susto. Funcionó, aquí sigo.

Viajar te abre la mente pero también tienes que poner de tu parte. En este sentido, no hace falta largarte al destino más lejano para vivir una experiencia única, especial o molona. El auténtico viaje empieza con la actitud que tú le pongas y no acaba solamente con el hecho de llegar a casa. Analizar aquello que has vivido forma parte de la aventura ya que todo, visto con perspectiva, es relativo y se valora mucho más. El aprendizaje es continuo.

Yo regresaré de Maldivas sabiendo y habiendo comprobado que los tiburones, o al menos no todos, no se pirran por la carne humana, comprobando una vez más que no todos los musulmanes son como nos dicen y consciente de que viajar es peligroso. Porque es adictivo y nunca te sacia. Y tú, ¿dónde quieres viajar?