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La bravuconada de Pedro Sánchez ha convertido el Congreso en una amalgama heterogénea en la que pocos territorios se han quedado sin representación, entre ellos Menorca, lamentablemente.

Un total de 17 partidos componen el hemiciclo, solo seis formaciones de ámbito nacional y formalmente constitucionalistas, al tiempo que las posiciones se han extremado con la hecatombe de Ciudadanos y la presencia de las dos formaciones radicales, la izquierda y la derecha. Casi nada.

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Esa es la malograda estabilidad que perseguía el secretario general del PSOE con un gobierno único cuando se creyó Obama y se lanzó a por las nuevas elecciones. «Ahora sí», proclamó en la noche electoral en un discurso que no ofreció una pizca de autocrítica, no ya por los escaños que pretendía ganar y no ganó, sino por los tres que perdió, entre ellos el de Menorca.

Como la coyuntura le ofrecía pocas alternativas, ha tardado apenas horas en tragar con Pablo Iglesias, el mismo al que detesta y paradójicamente convertirá en vicepresidente, y ahora está sometido al chantaje de los independentistas catalanes y nacionalistas vascos para ser proclamado presidente. La legislatura que viene proyecta de todo menos la fiabilidad que pretendía el pasado mes de abril cuando se erigió en vencedor absoluto sin serlo, como el tiempo ha demostrado.

En la mesa de negociaciones ya no está Albert Rivera, convertido en el primer cadáver de lo que vino a llamarse hace cuatro años la nueva política. El exlíder catalán ha perdido más de diez mil votos al día en los siete meses que ha durado la breve legislatura. No es que haya tenido la dignidad de dimitir, es que cualquier otra salida habría sido rematadamente ridícula. Rivera no quiso servir para formar gobierno con Sánchez entonces, tampoco fue una alternativa posible y ha acabado facilitando el espectro actual del Congreso por su múltiple división, cuando su partido estaba llamado a ser la formación equidistante capaz de inclinarse a uno u otro lado desde una posición más centrista. Lo que nos queda es lo que hay.