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Mi edad me autoriza a decir que he conocido hechos verdaderamente asombrosos, aunque ninguno que sea mentira y verdad al mismo tiempo. Si digo esto, es porque ahora en la Comisión del Congreso que estudia la trama Kitchen el señor Rajoy dijo: «no sabía absolutamente nada», «no soy consciente», «no me consta». Tampoco dijo reconocer la existencia de una caja B, y eso que esa desmemoria sobre la caja B, ha sido ya acreditada por una sentencia del Tribunal Supremo y dos de la Audiencia Nacional.    Eso me pone en un brete, pues no pueden decir la verdad los jueces a la misma vez que sobre el mismo asunto, el señor Rajoy niega la mayor, no me queda más remedio que recordar lo que significa la prevaricación: «Delito propio de quien falta a sabiendas a la obligación del cargo que ocupa». Además, la obligación de decir la verdad, viene recogida en otras situaciones.

¿Por lo dicho por Rajoy hasta sería lícito pensar que han prevaricado los jueces cuando dan por acreditado la caja B del PP? ¿Sabe el señor Rajoy cuando ha estado obligado a decir verdad en sus declaraciones so pena de poder ser sancionado sino cumple ese requisito? Para mí, ocultar la verdad es también una forma torticera de mentir.

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Si bien como nuestro ordenamiento jurídico es muy complejo, fíjense cuando dice: «Otra cosa es acudir como investigado o acusado aunque nuestro ordenamiento jurídico no permite abiertamente la mentira, el artículo 24.2 de la Constitución Española, reconoce el derecho de todos los españoles a no declararse culpable ni declarar sobre aquello que le sea perjudicial, de manera que no existe una obligación expresa de decir la verdad».    No crean que con lo dicho, se acaba lo que se puede decir sobre este asunto, porque sigue diciendo nuestro Código Penal en el artículo 502.3, «el que convocado a una comisión parlamentaria de investigación faltase a la verdad en su testimonio, será castigado con la pena de 6 meses a un año o multa de 12 a 24 meses». Personalmente me cuesta entender del Código Penal sobre este asunto lo que permite y lo que no, porque no es la primera vez que el señor Rajoy afirma no saber absolutamente nada sobre el tema que se le pregunta, en ese caso sobre la caja B. Ahora ha sido delante de sus Señorías en el Parlamento, antes ya lo negó ante un juez, si ahora ha sido en sede parlamentaria ante el juez fue en sede judicial. Si aceptamos que Rajoy dice verdad, sería muy grave que una sentencia del Tribunal Supremo dé por acreditado lo de la caja B, más otras dos sentencias, en este caso de la Audiencia Nacional.    Por poner luz, sería conveniente que el contribuyente tuviera clara esa situación.

Después de «embolicar la troca» durante años en sumarios interminables, cuando por fin la justicia da por acreditado aquello que se ha hecho mal, lo que no puede ser ahora, que todo quede en un «no soy consciente», «no me consta», es como si hubiera culpables de varias categorías, mientras que algunos por robar un pantalón les ha caído encima la de Dios es Cristo, como si fuera pongo por caso, más punible robar por necesidad que robar viviendo entre oropeles.

En esto de las comisiones de investigación, que de tarde en vez se forman en el ámbito de la política, siempre son más «los amenazados que por ajusticiados».    Lo que parecía que iba camino de formar una gorda, acaba diluyéndose como un terrón de azúcar en una taza de café.    Ahora cuando por fin se ha llevado lo de la caja B del PP ante los tribunales y que el Tribunal Supremo se ha pronunciado,    ahora que por segunda vez también lo ha hecho la Audiencia Nacional, seguimos sin conocer la sanción que de ello se derive, teniendo que soportar que el señor Rajoy siga sin saber nada de nada, cuando resulta que Rajoy ocupaba el eslabón más alto en el organigrama del ordeno y mando en las oficinas de Génova. Es inútil que se pretenda    que el resto del personal de este país, estemos para hacérnoslo mirar, lo normal es pensar que Rajoy algo tenía que saber, o lo que se había hecho o por lo que aún se estaba haciendo. Creer a Rajoy en este asunto no es precisamente un ejercicio fácil políticamente hablando.