Que no veamos las cosas no quiere decir que no ocurran. El efecto iceberg muestra que sobresale sobre la superficie solo una pequeña parte de las informaciones, actividades, datos, fenómenos… y se mantiene sumergida una considerable proporción de la realidad. Normalmente, nos comportamos como si lo viésemos todo y nos enterásemos de la mayor parte, pero, siendo modestos, hay que reconocer que ignoramos mucho más de lo que sabemos.

Por ejemplo, la economía sumergida. O las empresas que generan trabajo y beneficios económicos lejos de la mirada escrutadora de los políticos. Recordemos cuando Carmen Calvo dijo aquello de: «Nosotros administramos dinero público, y el dinero público no es de nadie». O la frase de Karl R. Popper: «El intento de construir el cielo en la tierra conduce siempre al infierno». Miremos con lupa todos esos países donde no existe libertad de prensa ni de casi nada.

Lo que no suelen ver los ojos es muy real, como los negocios del cibercríimen del que nos habla Llorenç Huguet en el diario MENORCA (6-6-2022) y que compara con el dinero que mueve un país entero. El narcotráfico, la prostitución, la pornografía o la pederastia… esa parte oculta de todo lo que nos rodea. Puede que los servicios secretos ya no sean tan secretos, pero si supiésemos todo lo que se mueve por el subterráneo o las cloacas, nos llevaríamos muchas sorpresas. Yo solo sé que no sé nada, pero eso ya lo dijo Sócrates hace años.