Hay gente que cree estar fingiendo que hace el idiota… y no está fingiendo. Eso le pasa con frecuencia al que vive poderoso. Es el sino que tienen algunos que además están convencidos de que con ellos el destino ha sido justo. Se trata de esa potra de nacer con el marchamo de ser ya para toda la vida de la alta sociedad. Pero la verdad es alcahueta y enseguida se chiva diciéndonos que ser de la alta sociedad no significa tener la conciencia a la misma altura.

La hipocresía no es otra cosa tal cual yo la veo que la metamorfosis, en algunos casos, de su realidad, aunque no sea cosa fácil darse cuenta de semejante desgracia. Claro que para algunos, si no saben comprender una larga explicación, jamás entenderán la sutileza de una mirada. Comprender no es cosa que esté al alcance de todo nacido, entre otras cosas dominamos mal el esperanto universal del lenguaje de los ojos.

Deberíamos de saber que el sexo sin caricias es como una buena ensalada sin aliñar. También deberíamos de saber que básicamente hay dos clases de mujeres que no comprenden a los hombres, las solteras y las casadas. Aun así, sepa señora, que formo parte de los que nos gusta poner los labios en una esquina de otra boca.       

Amar es una locura, ya lo dijo un santo al que se le olvidó añadir que puede que sea una locura que yo siempre la he visto justificada si se ama locamente. Es muy distinto caer en los dulces brazos de una mujer a caer en sus manos.

Déjenme decirles a mis amigos los gastrónomos, benditos sean los capaces de disfrutar de la más humilde comida aunque sea una sencilla sopa, siempre tenemos la esperanza que detrás vendrá el plato que más nos gusta. Sepan que no vale la pena prescindir de buenas comidas para pasar cuatro años más en un geriátrico. O como aquel otro que le hizo caso a los médicos y se privó de todo cuando era joven y así consiguió llegar a ser un viejo que lo tenía todo prohibido.

Déjenme decirles a los peseteros que sí, que puede que sea cosa verdadera que el dinero está seguro en el banco pero no fue creado para eso. Igual que hay personas que se mueren de viejos con el músculo del sentido común sin estrenar. De las cosas que ignoramos ninguna haría más daño al ser humano que conocer de antemano el día de su muerte. No quiero ni imaginar cuántas venganzas se llevarían a cabo. No sé si se robaría más o se robaría menos pero sin duda elegiríamos con sumo cuidado a nuestros amigos; viajaríamos continuamente porque seguro que pensaríamos «que para lo que me queda de estar en el convento, me cago dentro». Algunos pobres ignorantes se piensan que esta vida no tiene fin. No les importa robar lo que no es suyo. No caen en la cuenta que con ese proceder han asesinado su conciencia. En cualquier caso deberían pensar que no es cosa fácil llegar a viejo, pero si se llega podemos decirnos a nosotros mismos que estaríamos ante la enfermedad más letal que se conoce, nadie ha sobrevivido a ella.

Déjenme terminar diciendo que la tecnología nos ha dado el estado del bienestar del que disfrutamos pero acabará por aniquilarnos.