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Con su buen tino habitual, la periodista Susana Quadrado opinaba en «La Vanguardia» que la razón de que Vox haya presentado un programa electoral ultrarreaccionario es que no quiere que el PP gane las elecciones. Su objetivo a medio plazo sería adelantar en voto a los populares como ya pretendió insensatamente en su momento Albert Rivera con el resultado de todos conocido.

En el cuento de las siete cabritas, el lobo se pone harina en la pata para engañar a las pequeñas y hacerse pasar por su madre enseñando su extremidad enharinada debajo de la puerta. En el cuento del 23-J, en cambio, Abascal enseña la zarpa para asustar a los conservadores moderados y no tiene reparos en decir que si entra en el Gobierno se generará una tensión con Catalunya peor que la del nefasto 2017.

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En el campo contrario, Yolanda Díaz podría haberse extremado propugnando, por ejemplo, nacionalizar la banca y las eléctricas. Pero la dirigente de Sumar, más pragmática, sabe que es mejor perder algunos votos para su propia formación a cambio de obtener un sillón en el Consejo de Ministros.

En cualquier caso, lo que se dirime mañana lo definió muy bien José María Lasalle en un artículo en El País: optar entre un posible gobierno Frankenstein de la izquierda o un gobierno Nosferatu de la derecha. En estas condiciones muchos votantes, quizás la mayoría, en lugar de votar a favor de alguien, lo harán en contra de la opción que más miedo les da, bien sea el monstruo de Mary Shelley o, por el contrario, el vampiro de Friedrich Wilhelm Murnau.