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No es solamente que Pedro Sánchez haya perdido la sonrisa, es que Puigdemont empieza a dejar caer, como una amenaza explícita, qué si hubieran votado a Feijóo ninguna de las acusaciones que él considera delirantes se habría producido. El proyecto de ley de amnistía, tal y como está redactado y como dieron por bueno en la Comisión del Congreso los parlamentarios de Junts, no va a salvar a Puigdemont (que es el único que importa, y para el que se ha montado este pifostio constitucional) de las acusaciones de terrorismo.

Además de crear un clima insoportable de crispación social, de romper cualquier posibilidad de acuerdo entre las fuerzas mayoritarias en el Congreso, de contribuir al deterioro de la imagen y el prestigio de destacados juristas, la amnistía de Puigdemont ha creado un terremoto en la Fiscalía. Ni un solo estamento de un poder del Estado como es la Justicia ha salido indemne del chantaje independentista. Pero volviendo al fugado de Waterloo, parece que, con esa frase críptica, quiere decir que no descarta apoyar, incluso, una moción de censura contra Sánchez si este no se pliega a parar en Bruselas las investigaciones de su relación con Putin y a incluir los delitos de terrorismo, sean los que sean, en la amnistía.

Podría ser. Porque, igual que no se despeinó cuando huyó de Cataluña dejando a todos los demás implicados en el procés a las puertas de la cárcel, ahora pretende que se modifique la legislación a su beneficio y volver a Cataluña por la puerta grande. Los demás, ¿qué demás?, que se busquen la vida.
En el PSOE cunde la preocupación sobre el precio electoral que van a tener que pagar, de momento en Galicia, por esta bajada de pantalones para agradar al prófugo. El BNG va creciendo día a día en las expectativas de voto mientras los socialistas se estancan en las encuestas. Y luego llegan las europeas y empezamos a hablar de palabras mayores. Hasta Bolaños se ha sumido en el mutismo y lleva días sin defender los cambios de postura como lo natural en política.

Mientras Feijóo, volcado en Galicia, saca un día a relucir la amnistía en un mitin y al día siguiente dice que Galicia no tiene nada que ver con la crispación nacional.

Si alguno supiera, al fin, a qué estamos jugando, nos iría mejor a todos.