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El Sr. López Obrador, presidente de México, invita a España a que pida perdón por la conquista de la «nueva España», nombre con que se conoció a México, una vez incorporado su territorio a la Monarquía Española, constituyendo un virreinato bajo el Reinado de Isabel la Católica.

De entrada decir que hay que ser ignorante para pensar que España debe pedir perdón por el hecho histórico del descubrimiento de América, y de su incorporación a los territorios del Reino español. Lo grave de ello es que lo dicho por el señor López Obrador, de que se trató de una conquista cruel y destructiva, es falso de toda falsedad. Lo prueba el hecho de que los antepasados de los hispanoamericanos que habitan en México tienen apellidos de origen español, como es el caso del propio Sr. López Obrador.

Es más, la llegada de España a América supuso la llegada de la cultura cristiana al nuevo continente, y gracias a ello se puso fin a la crueldad de la cultura azteca que reinaba en aquellos lares. El Sr. López Obrador sabe perfectamente que los aztecas tenían unas dieciocho fiestas al año, en las cuales se practicaban sacrificios humanos en honor a sus «dioses». Sacrificios que incluían a niños de apenas un año; se calcula que sacrificaban entre 30.000 y 50.000 seres humanos al año, y que estos sacrificios, en muchos casos terminaban con un banquete para comerse los restos humanos sacrificados. Como decía Antonio Escotado: «La sociedad más monstruosa de la historia, con mucha diferencia, es la azteca, superando enormemente a espartanos y persas».

La pregunta, Sr. López Obrador, es clara. ¿Pedir perdón, por haber acabado con el infierno en que los aztecas tenían sometido a los otros pueblos que habitaban en el actual México? Sepa usted que se acabó con los sacrificios humanos, no con el patrimonio y el pueblo azteca, que gracias al mestizaje se fue incorporando como un pueblo más al Reino de España.

En este punto conviene destacar que la aportación española a Latinoamérica fue de tal importancia y magnitud, que sigue viva y presente en pleno siglo XXI. Basta con recordar que la primera lengua moderna que desarrollo una gramática perfectamente estructurada fue precisamente el castellano en 1492, gracias a los grandes sabios de la Universidad de Salamanca como Antonio de Nebrija. Fue él quien la presentó a Isabel la Católica. Pues bien, Sr. López Obrador, la segunda lengua del planeta en tener una gramática estructurada y por escrito en un libro fue el náhuatl (no fue el alemán, tampoco el francés, ni el inglés). ¿Sabe por qué? Porque gracias a la cristianización llevada a cabo por los frailes castellanos en América se dieron cuenta de que era imprescindible registrar y estudiar la lengua náhuatl, para poderse entender con los llamados «pueblos indígenas». De ahí que se editaran diccionarios Castellano-Náhuatl y Castellano-Maya.

Sr. López Obrador, otro ejemplo de lo que aportaron los españoles a las tierras descubiertas en América son precisamente las edificaciones construidas en sus virreinatos, entre los siglos XV y XIX, y que hoy son patrimonio de la humanidad (iglesias, catedrales, universidades, bibliotecas, hospitales…). Hasta tal punto contribuyo España a la cultura, arquitectura y construcción de auténticas joyas patrimoniales, que a día de hoy suman un total de sesenta y cuatro edificios, tanto en América como en Filipinas, que son declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por si esto no le sirve, decir que durante la misma época en la península, en relación a las construcciones religiosas, solo ocho y diez construcciones monumentales son patrimonio de la humanidad.

Sr. López Obrador, yo sé positivamente que usted no es un ignorante, simplemente usted es un «populista» más que se suma a la leyenda negra fabricada por los enemigos de España, y que por desgracia también en nuestra querida patria cuentan con voceros que sirven de coro a la maldad histórica de presentar a España como una nación que practicó el genocidio y la persecución de los pueblos conquistados. Esto no es ignorancia… es simplemente maldad.

Sí, es maldad porque, con independencia de la evangelización e implantación de la lengua y cultura española, también fue el origen del derecho social y los primeros derechos humanos en beneficio de todos los ciudadanos, con independencia de su origen. Su reflejo lo tenemos en las Leyes de Burgos de 1512, dándose derechos a los trabajadores españoles y también a los indígenas. En esta normativa se estableció la jornada laboral de 8 horas, 4 por la mañana y 4 por la tarde; se instauró el derecho a la protección de la maternidad y el derecho de vacaciones, a la vez que se le prohibió trabajar a menores de 14 años. Tanto en París o como Londres tuvieron que esperar hasta el siglo XIX para que estos derechos fueran reconocidos.

Por todo ello y más, España no tiene que pedir perdón, en todo caso usted Sr. López Obrador, como presidente de México, debe hacer un acto de gratitud hacia España por su transcendental aportación social, jurídica, cultural, patrimonial y económica que supuso el descubrimiento de América para todos los pueblos que habitaban dicho continente. Le guste o no le guste, Sr. López Obrador, son mayoría los hispanoamericanos que se sienten orgullosos de su madre patria que es España.