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La inspiración es algo muy necesario para escribir, y para otras muchas cosas; pero acostumbra a ir por libre; es decir, no la tenemos cuando queremos, tan solo surge cuando nuestra mente se limpia de impurezas que estorban en nuestro cerebro, y deja entrar esos pensamientos que salen de muy adentro. A mí lo que cuentan algunos de que si te sientas a escribir algo surge, no me suele funcionar; puede que surja algo pero de escasa calidad literaria.

Les cuento cómo encuentro la inspiración, cuando    camino por las afueras, donde no me moleste el ruido de los coches, ni me encuentre con alguna persona conocida que me obligue a charlar; entre la naturaleza consigo limpiar mi cerebro y prepararlo para pensar en cosas nuevas. A veces tan solo necesito pensar y decidir qué menú voy a cocinar cuando venga familia o amigos/as a comer. Otras, tomo decisiones que tenía aparcadas, por no haberme sentido    segura    antes. O como hoy, que he decidido en qué voy a basar mi pequeña columna, de qué quiero hablar… Ya sabemos que temas hay muchos, pero no me apetece hablar de política; ni de cosas desagradables, con lo que se van limitando un poco los temas.

A mi edad    se está de vuelta de muchas cosas; otras duele recordarlas.

En la casa cuesta mucho conseguir que nada ni nadie te distraiga, para poder concentrarte. En cambio en pleno campo es más fácil, tan solo el viento que te despeina, o el gorjeo de alguna ave te sirven de telón de fondo para que tus pensamientos afloren sin traba alguna.

Cuando era niña, pasear por el campo me producía esa misma sensación de paz y bienestar. Entonces soñaba con ser periodista y dedicarme a viajar y contar mis viajes. Me gustaba tumbarme en la hierba fresca y mirar al cielo; contemplar las mil y una forma de los jirones de las nubes albinas, a las que    siempre acababa encontrando parecidos extraños.

Pero la vida me llevó por otros derroteros; no pude seguir estudiando… y viajar no lo hice tanto como quería, pero lo intento siempre que puedo. Si tuviera más dinero lo haría más a menudo, creo que enriquece mucho conocer otros lugares y personas.

En cierta ocasión, en uno de mis viajes en solitario; conocí una pareja que cada mes hacían un viaje; iban en plan austero, pero se planificaban muy bien. Y al regresar a casa hacían un álbum con las fotos y anécdotas que les habían acontecido. Decían que cuando ya por la edad no pudieran viajar, mirarían sus álbumes y recordarían… Me pareció una forma envidiable de entender la vida.