Ukrainian army, of the 43rd Heavy Artillery Brigade fire a German howitzer Panzerhaubitze 2000, as Russia's attack on Ukraine continues, near Soledar, Ukraine, January 11, 2023. REUTERS/Clodagh Kilcoyne | CLODAGH KILCOYNE

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La batalla de Soledar ilustra la ventaja que Rusia sigue teniendo en artillería y potencia de fuego en general y subraya la necesidad de que Ucrania reciba más equipamiento militar de sus socios extranjeros, pero los analistas apuntan que es poco probable que conduzca a ningún avance significativo.

Los acontecimientos en Soledar y Bajmut muestran claramente que Rusia todavía es capaz de concentrar poder de fuego preponderante en una dirección y combatir pese a graves pérdidas, escribe en Twitter Mykola Bielieskov, analista militar de la organización no gubernamental «Come Back Alive».

Según soldados ucranianos, los mercenarios de Wagner emplean ahora sucesivas oleadas de pequeños grupos para atacar las posiciones ucranianas. Los miembros con menos experiencia y menor equipados de la primera oleada a menudo resultan muertos, pero consiguen detectar y agotar a sus oponentes. La segunda normalmente consiste en soldados más profesionales que son más susceptibles de superar a las tropas ucranianas.

Mientras que el cambio a las «oleadas humanas» significa que Rusia ya no puede emplear tan libremente su artillería como en el pasado, también muestra que no es reticente a perder soldados en gran cantidad. «Sabíamos que la vida tenía poco valor en Rusia pero todavía nos sorprende que sea hasta tal punto», comenta a EFE Oleksiy Melnyk, antiguo primer asistente de defensa en Ucrania y codirector de programas internacionales de seguridad en el centro Razumkov, un laboratorio de ideas.

El peligro es que esto es algo que tiene Rusia en abundancia gracias a la movilización y reclutamiento de presos por parte del grupo de mercenarios Wagner. Según Melnyk, Ucrania se ve obligada a contraatacar con su infantería y fuerzas especiales, lo que lleva a pérdidas significativas, o maniobrar y retirarse.

Se espera que los mercenarios rusos y las tropas regulares usen ahora los avances en Soledar para incrementar la presión sobre las posiciones ucranianas en la cercana Bajmut. Comentando el debate sobre si tiene sentido continuar defendiendo la zona, Melnyk dice que es difícil sacar una conclusión definitiva en relación a si se justifica el elevado precio pagado por las tropas ucranianas al aferrarse a Soledar y Bajmut.

Afirma que el máximo responsable del Ejército ucraniano, Valerii Zaluzhnyi, ya declaró que las pérdidas sufridas durante la recuperación de los territorios perdidos podrían ser incluso mayores. Melnyk destaca a EFE que si Occidente hubiera dado a Ucrania las armas que ha estado pidiendo desde hace meses, la actual situación cerca de Bajmut se podría haber evitado.

Subraya que los soldados ucranianos están pagando con sus vidas la ausencia de tanques pesados y otro equipamiento militar moderno y que su entrega, de la que se habla en los últimos días, podría reducir las pérdidas y acelerar la eventual victoria ucraniana. «Los tanques serían muy útiles tanto en operaciones ofensivas como defensivas en Ucrania. Su Ejército ha demostrado su capacidad para emplear vehículos blindados en operaciones con éxito durante el pasado otoño», explica Melnyk.

Según Bielieskov, la munición de racimo, que Ucrania ya pidió en 2022, podría ayudar a detener a las tropas enemigas al cubrir áreas mayores que las que cubre la munición ordinaria. Bieliskov piensa que los avances de Rusia en la zona no tendrán un efecto drástico inmediato sobre la situación militar general en Ucrania. «Al oeste de Bajmut hay otra línea de defensa de múltiples capas lista para frenar al enemigo, que luego tendrá que seguir atravesándola lentamente durante meses como lo hizo cerca de Severodonetsk y Bakhmut», escribe. Sin embargo, este analista advierte del riesgo de que las defensas de Ucrania se vean eventualmente superadas por las oleadas humanas rusas que se espera que aumenten tras una nueva movilización en Rusia.

Tanto Melnyk como Bielieskov subrayan la necesidad de que los socios de Ucrania aceleren las entregas de armas modernas. Melnyk insiste en que Rusia no va a ganar la guerra. Señala a EFE, sin embargo, que «el problema es que cuanto más se prolonga, más ucranianos mueren y más efectos desestabilizadores está teniendo en todo el mundo, necesitándose más esfuerzo y tiempo para superarlos».