Luz Cuesta Mogollón es una joven zaragozana de 19 años a la que una curiosa combinación de nombre y apellidos le ha dado una repentina popularidad en unos momentos en que el incremento de las tarifas eléctricas está de actualidad. | Javier Cebollada

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Luz Cuesta Mogollón es una joven zaragozana de 19 años a la que una curiosa combinación de nombre y apellidos le ha dado una repentina popularidad en unos momentos en que el incremento de las tarifas eléctricas está de actualidad, una subida, sin embargo, de la que no se siente responsable.

«Me llamo Luz Cuesta Mogollón, pero la subida del precio de la electricidad no es culpa mía», insiste en declaraciones a Efe la joven, consciente de la notoriedad no perseguida en la que se ha visto inmersa, tanto en redes sociales como en medios de comunicación.

Buen humor y frescura son dos de las principales cualidades de una muchacha que en ningún momento ha buscado plantar cara a las corporaciones energéticas, pero cuyo nombre es una advertencia clara a los sufridos consumidores, como prefiere ella que se interprete.

Hace 19 años, los padres de la joven decidieron bautizarla con ese nombre en recuerdo del lugar donde se habían casado, en la ermita de la Virgen de la Luz, en Avilés, en el Principado de Asturias, lugar de origen de la familia.

Según la joven, sus padres no fueron conscientes en ese momento del divertido efecto que tendría la combinación del nombre con los apellidos de la pareja, ni tampoco lo pretendieron.

La «bombilla» se encendió nueve o diez años después, cuando la hermana de Luz decidió llamar al programa radiofónico «Herrera en la Onda» para informar de la curiosa mezcla de apellidos familiares, pero sin valorar que el verdadero detonante no estaba sólo en ellos.

El periodista Carlos Herrera, que hacía un programa abierto a las llamadas de los oyentes sobre nombres y apellidos curiosos, se interesó por el nombre de las hermanas y estalló en risas cuando escuchó el de Luz.

Cuando llegó al instituto, este efecto fue motivo de chanzas y de bromas desde un primer momento, asegura la joven, que enseguida asumió con normalidad y buen humor la situación.

«El primer día de instituto -recuerda- cuando el director leía los nombres de los alumnos para decirles qué clase les correspondía, se echó a reír nada más pronunciar el mío», risas a las que se unieron de forma inmediata las del resto de los profesores y de los alumnos.

Una de las anécdotas que permanece en su mente es la de un chico que se le acercó a la carrera y le tocó al tiempo que decía «encendida», operación que repitió al momento con la expresión «apagada».

Pero nada hace cambiar el buen humor de una chica que estudia idiomas y el lenguaje de signos, al tiempo que trabaja en una pizzería de la capital aragonesa en la que es conocida simplemente como Luz entre sus compañeros, ahora conscientes de la relativa popularidad de la joven.

Al perfil de Luz Cuesta Mogollón en Facebook llegan ahora decenas de solicitudes de amistad, que ella filtra con cuidado y prudencia ya que, como ella misma advierte, «no voy a hacer amigos a gente que no conozco».

Pero la cosa no queda ahí, ya que Luz tuvo recientemente una oferta de una compañía energética competidora de las grandes corporaciones para hacer un anuncio publicitario, todavía sin concretar.

Al parecer, esta compañía quería servirse de la combinación de nombre y apellidos de la joven para poner en evidencia a las grandes empresas energéticas, cuya política tarifaria va a investigar ahora la fiscalía.

Ella es muy joven, pero es consciente, y así lo percibe cuando oye a sus padres en casa, de que la luz cuesta mucho, «mogollón», añade entre risas.