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Una imagen vale más que mil palabras y la red social por excelencia de las imágenes, Instagram, está repleta de impostura. O lo que la mayoría hoy en día describen como postureo, según la Real Academia de la Lengua aquella «actitud artificiosa e impostada» adoptada por «conveniencia o presunción».

No hace falta ser un usuario muy experto para captarlo. Muchos utilizan esta y otras redes sociales para transmitir una imagen idealizada de sí mismos por muy variopintas razones, especialmente de aceptación social y de la propia imagen. En efecto, hay por ahí mucho millenial con pretensiones de influencer que se esfuerza en poner su mejor cara, y aderezarla con filtros para obtener la imagen perfecta y cosechar un montón de likes.

En este contexto un fragmento de vídeo de apenas unos segundos de duración ha captado la atención de muchos usuarios, y ha sido ampliamente difundido. Este retrata a una pareja, sentados entre el público de un evento deportivo. La chica sostiene su teléfono móvil para hacerse un selfi junto a su chico y sonríen como si lo estuvieran pasando genial. Sin embargo, un segundo más tarde la cara les cambia como la noche a la mañana.