La directora general de Salut Pública i Participació, Maria Antònia Font, en su despacho. | Miquel A.Cañellas

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A modo de conclusión de la entrevista, Maria Antònia Font asegura que «cuando acabe esto seremos diferentes y haremos las cosas mejor». Un viernes radiante ilumina un Parc de sa Riera desierto, sin apenas peatones. Ella es la principal responsable política en Balears del dispositivo contra el avance del COVID-19, una tarea que le no le impide dormir pero que le absorbe la totalidad de la jornada para lograr dos objetivos esenciales: evitar el colapso de los hospitales y la protección de los colectivos vulnerables, en especial de las personas mayores.

¿Cómo lo lleva?

-Bien, no me puedo quejar.

La pregunta se la habrán formulado cientos de veces. ¿Cuánto durará esta pesadilla?

-Hacer predicciones es difícil. Sólo tenemos la experiencia de otros sitios. Estamos valorando las distintas fases y trabajar con criterios científicos. Observamos lo que pasa cada día, aquí, en España y el resto de Europa. China ya está en otro estadio. Así podemos planificar el futuro.

¿Y ahora?

-Intentamos evitar la transmisión comunitaria que a las Islas llegó más tarde. Fue una cuestión de suerte y nos ha permitido una mejor planificación. El aislamiento era inevitable, sobre todo a partir de las llegada de residentes de la Península; vimos que era un riesgo que debíamos asumir. Hace quince días los casos eran importados. Mire, a los microorganismos no se les pueden poner fronteras. Nuestro objetivo es evitar el pico asistencial, lo sabemos desde el primer momento para evitar el colapso en los hospitales. También queríamos preservar al personal sanitario y por eso se puso en marcha la atención domiciliaria, aspecto en el que la Atenció Primària ha hecho un gran trabajo.

¿Sabemos en realidad cuántos casos de coronavirus hay en Baleares?

-Las cifras son clave para una buena planificación, pero hay otros aspectos a tener en cuenta. Es cierto, no sabemos cuántas personas están o han estado infectadas y no se les ha diagnosticado; eso se sabrá cuando pase la epidemia.

¿Y doblar el famoso pico?

-Todavía no hemos llegado. Lo importante es que mantenemos una progresión estable de positivos diarios, en torno al 10 o 15 % de aumento, eso hace que la curva sea más suave. Se trata de una carrera de fondo en la que es esencial el personal sanitario, al que se le tiene que cuidar al máximo junto con los grupos más vulnerables, como son las personas mayores.

Pues las quejas de los trabajadores por falta de material no cesan...

-Hacen falta recursos y un control de la carga de trabajo de los profesionales. Hay que decir que aquí nadie ha vivido nunca una situación similar. En Balears la sanidad ha estado bien cuidada, pero reconozco que ahora no es óptima.

He visto fotos de personal protegiéndose con bolsas de basura...

-No las he visto (le enseño una de un enfermero de Son Llàtzer). Es un método de barrera más, pero no me consta que haya ocurrido. Lo que digo es que tenemos un plan de contingencia para que en los hospitales el personal reciba el material adecuado para poder trabajar, un material que está priorizado y ajustado a las áreas que lo necesitan. También recuerdo que no se puede utilizar mal.

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¿Está obsesionada en que no se repita el caos de Madrid?

-Queremos que no se desborde nuestra capacidad hospitalaria y el resto de recursos que hemos preparado.

Durante estos días, ¿qué le ha emocionado?

-Todo el peso que está soportando el personal sanitario. La tensión durará una o dos semanas más. Yo no necesito aplausos, lo que preciso es no tomar decisiones equivocadas. Todas estas personas llevan una carga emocional muy complicada y con un nivel de exigencia profesional agotador.

¿Y las muertes? ¿Las personas mayores?

-Son los más vulnerables y saben que son una población de riesgo. Tratamos de controlar todos los grupos. Las residencias están igual que los hospitales en el tema de material. Tratan de reoganizar sus espacios para separar unos de otros y evitar los contagios; están haciendo un esfuerzo titánico.

Mañana llega un avión con material sanitario ...

-Estamos haciendo un esfuerzo enorme, pero no quiero asegurar nada hasta que el avión esté aquí.

¿Alguna autocrítica?

-La haremos después, ahora tenemos que actuar.

¿No ha habido errores en España? Se ha criticado la oportunidad de las celebraciones del 8-M, los partidos de fútbol con equipos italianos, el mítin de Vox en Vistalegre, la descoordinación ...?

-Aquí también tuvimos una manifestación del 8-M y estamos mejor que en Madrid. Las epidemias actúan en las grandes ciudades, lo dice la historia. Yo mantengo un contacto permanente con nuestros técnicos nuestros y los de otras autonomías. Una epidemia es mucho más que un problema sanitario. No creo que haya descoordinación, sí preocupación. Sabemos que estamos actuando de la manera correcta, seguimos una hoja de ruta rigurosa de la que estoy orgullosa.

Los países europeos parece que están mejor. Lo comento por lo que ha sucedido en Alemania, por ejemplo.

-La mortalidad depende de cada persona, no del contagio, y una sanidad potente no es infalible. Combatir algo que no se ve es difícil y en los datos estadísticos influyen muchos factores. Todo eso lo sabremos después.

¿Qué ha aprendido de toda esta crisis?

-Varias cosas. La primera que las personas nos adaptamos a todo. Dicho esto, estoy convencida de que nos tendremos que acostumbrar a vivir con el coronavirus. Las vacunas eficaces requieren tiempo para poder empezar a utilizarse, por eso la carrera actual es encontrar fármacos. Nos llegan noticias de que se están realizando avances esperanzadores para lograr buenos tratamientos.