Soldados de EEUU en las ruinas de la ciudad Hue, en Vietnam, en 1968. | Redacción Digital

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La inminente invasión de Gaza abre un escenario temible para los israelíes: el combate urbano. Una pesadilla que a lo largo de la historia reciente se ha convertido en un infierno para los ejércitos atacantes. La superioridad numérica y la tecnología más avanzada no son suficientes, en ocasiones, para superar los combates calle por calle, casa por casa. Seis ejemplos en los últimos ochenta años confirman esta teoría.

En agosto de 1942 el Sexto Ejército del general Von Paulus atacó la ciudad rusa de Stalingrado, a orillas del Volga. La carnicería en aquellas calles es una de las más brutales que recuerda la humanidad. Primero los soviéticos fueron arrasados, pero aguantaron milagrosamente y al final los nazis cayeron en una pinza de dimensiones bíblicas. Más de 300.000 hombres quedaron cercados y abandonados a su suerte. En febrero de 1943 los que quedaban en pie se rindieron.

La batalla por Manila, capital de Filipinas, duró un mes, en 1945, y enfrentó a las tropas de EEUU y de Japón. Acabó en un baño de sangre sin precedentes y con la devastación total de la urbe. La población civil, como siempre ocurre en estos casos, fue la más perjudicada.

La batalla de Hue, fue el Stalingrado de la Guerra de Vietnam. En 1968, en plena ofensiva del Tet, con los norteamericanos desbordados por los ataques del Vietcong y el Ejército Norvietnamita, la ciudad de Hue, antigua capital imperial, fue escenario de unos combates salvajes, en una superficie de 67 kilómetros cuadrados. Los 140.000 habitantes quedaron atrapados entre los 10.000 guerrilleros y el Ejército de EE.UU. Las bajas para Washington fueron inasumibles.

El 4 de octubre de 1993, la ciudad de Mogadiscio, en Somalia, se convirtió en un infierno para los comandos de élite de EE.UU. Los Delta Force y Rangers pretendían secuestrar al gabinete del señor de la guerra Mohamed Farrah Aidid, que debía reunirse en un edificio de la ciudad. La operación supuestamente quirúrgica se tornó una pesadilla para los soldados norteamericanos, que recibían fuego cruzado desde esquinas, azoteas y avenidas. Las imágenes de dos francotiradores de EEUU abatidos -Gary Gordon y Randy Shughart- exhibidos como trofeos conmocionaron a la sociedad americana.

Un año después, en diciembre de 1994, el poderoso ejército ruso se las prometía muy felices en la toma de Grozni, la capital chechena, cuando los guerrilleros musulmanes les dieron una auténtica lección de combate urbano, emboscándoles en cada esquina con lanzagranadas RPG y causando miles de bajas al enemigo. Al final, Moscú optó por arrasar la ciudad y entrar en las ruinas.

Por último, la ciudad iraquí de Faluya, entre noviembre y diciembre de 2004, fue la tumba de muchos soldados de EEUU y Gran Bretaña que tuvieron que despejar casa por casa, en interminables combates con los yihadistas que golpeaban y desaparecían entre edificios y túneles. Una suerte de fantasmas con shemags y AK47, que sembraban el pánico y se esfumaban.