Pitu Jiménez, junto a su familia, en el acto de reconocimiento en el Pavelló Menorca. | Gemma Andreu

Discurría el minuto cinco de partido cuando este se detuvo. Una parada prevista, esperada, y que repercutió como el capítulo de despedida de Jorge ‘Pitu’ Jiménez Martín (Madrid, 1981).

Todo el Pavelló Menorca se puso en pie. Más de dos decenios de baloncesto, el último de ellos al servicio de Menorca («mi casa», insistía Pitu con la voz entrecortada), reconocidos por medio de una cerrada ovación de la que nadie se quedó al margen.

Público, compañeros, su familia desde la grada, rivales, directivos, prensa... nadie de los presentes le negó al base madrileño afincado en la Isla su merecido tributo, que prosiguió con el jugador, micro en mano, oficializando su despedida, en un discurso parco en palabras pero sinceró en espíritu, en el que Pitu proyectó el amor por el club, así como por la tierra que le ha acogido y le ha dado dos hijas.

Su camiseta, con el dorsal 5, fue retirada. | Gemma Andreu

De inmediato, y tras recibir un cálido y paternal abrazo del presidente del Hestia Menorca, Oriol Segura, y entre lágrimas de emoción (que no solo se deslizaban por el rostro del jugador), Pitu Jiménez pudo ver como su camiseta era elevada al cielo del Pavelló Menorca, fondo norte – «no lo esperaba», comentó minutos después el base. Nunca más nadie jugará con el dorsal ‘5’ para el Hestia Menorca, en lo que además de un bello homenaje al más puro estilo NBA, resulta un modo de eternizar la figura y el recuerdo de un jugador fundamental en la cronología más reciente del baloncesto menorquín. Un tipo cercano y sencillo que, sin pretenderlo, se ha convertido en una leyenda en la latitud insular.