El ‘Creole’ tiene un sinfín de historias en cada una de sus hermosas piezas. - Javier

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Uno de los veleros más hermosos del mundo está atracado en el puerto de Maó. Quien haya pasado por allí seguramente ya haya reparado en la elegancia de su arboladura y en la grandeza de su casco. Se trata del 'Creole', una goleta áurica botada en 1927 que ha conocido desde entonces el esplendor y la desgracia en cantidades literarias.

El buque tiene 65 metros de eslora, lo cual lo convierte de largo en el más grande de la competición, y lo capitanea el británico Christopher Austin. Él lleva ahora el timón de este barco propiedad de la familia Gucci.que construyeron en los astilleros Camper & Nicholson, en Escocia.

"Es tan grande", explica Austin", que se hace peligroso maniobrar con él entre tantos barcos". Por ello, es probable que el 'Creole' no participe en la competición. Su tripulación tomará parte con el 'Avel', un barco mucho más pequeño y manejable.

Austin lleva 20 años trabajando en el 'Creole'. "Empecé como segundo oficial y carpintero, así que he tenido un buen aprendizaje", relata. Según él, hacen falta entre 30 y 40 personas para hacerlo funcionar. "Pero es muy pesado y muy antiguo y no podemos empujarlo mucho", dice. El capitán sabe que no tiene entre sus manos un barco cualquiera. "Es muy especial, tiene mucha historia", valora.

Así es. Un multimillonario estadounidense lo mandó construir y lo llamó 'Vira'. Disgustado por el tamaño de sus mástiles, lo vendió sólo un año después. Su siguiente dueño le puso el nombre actual en honor a su postre favorito. Algunos años después se reformó para volver a darle su esplendor original y participó en numerosas regatas.

Pero cuando estalló la II Guerra Mundial, la armada británica lo requisó y lo utilizó para desactivar minas. "Como su casco es de madera, no atraía a las minas, que eran magnéticas", cuenta su capitán.

Tras el conflicto, cuando estaba semiabandonado, lo adquirió el armador griego Stavros Niarchos, que lo restauró y le sirvió para rivalizar con Onassis en cuanto a ostentación. Pero años después su esposa apareció muerta en el velero y el empresario heleno no quiso saber más de él.

Tras esta etapa fue el gobierno danés quien se hizo con el 'Creole'. Lo emplearon como barco-escuela para jóvenes con problemas de drogadicción. Hasta que, en 1983, lo compró el modisto italiano Maurizio Gucci. Desde su asesinato, son sus hermanas Alessandra y Allegra quienes se han hecho cargo de él.

Toda esta historia contiene el barco que, con su gran bandera de Bermudas al viento, está amarrado en el puerto de Maó.