Preparación. Las voluntarias de Caritas elaboran los lotes de alimentos según la carga familiar y el número de hijos - Javier

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Dicen que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Pero en Menorca la crisis en lugar de disipar la solidaridad de la sociedad la ha disparado con los más necesitados. Gracias. Este es el mensaje que lanza Caritas ante la enorme implicación, tanto en especies como a nivel económico, que ha demostrado tener la ciudadanía con las personas que menos tienen.

La crisis económica, la falta de trabajo y las dificultades para llegar a fin de mes están quitando el pan a muchas familias que residen en la Isla. La organización caritativa y social de la Iglesia Católica está aportando su granito de arena para cubrir las necesidades básicas de los más necesitados. "Hay luces que brillan en la oscuridad, personas que son el reflejo de que todo no es tan negro como parece", señala la secretaria general de Caritas, Antònia Florit, al valorar el incremento que ha registrado la solidaridad y la generosidad este último año.

Entre los tres arciprestazgos (Llevant, Centro y Ponent), el número de personas con dificultades atendidas por el servicio de alimentos de Caritas durante el 2012 alcanzó los 1.550 usuarios, aproximadamente. De ellos, se registraron 695 familias y 218 núcleos familiares de un solo miembro.

Caritas Arciprestal de Ciutadella atendió a 166 familias y 68 personas mientras que en la zona parroquial de Maó se beneficiaron del servicio 377 familias y 97 personas. En lo que respecta al servicio de atención primaria de estos dos arciprestazgos, Florit resalta que los ingresos de un 66 por ciento de las familias atendidas no supera el Salario Mínimo Interprofesional, de entre los que un 25 por ciento no percibe ningún tipo de ingresos.

El volumen de usuarios que requieren de este servicio que coordina Caritas no ha incrementado en los últimos tres años pero, en cambio, se ha ampliado el número de respuestas concedidas (entre tres y cinco por persona) y se ha dilatado el periodo de ayuda. "No hay trabajo, las ayudas económicas se acaban y la situación de las familias no mejora, por lo que salir del bache es cada vez más complicado", señala la trabajadora social Gloria Ventura. Según avanza, el periodo medio durante el que una familia ve aliviado el hambre gracias a la solidaridad de la gente es ya a día de hoy de dos años cuando en ejercicios pasados "con un vale para tres meses ya empezaban a ver la luz", apunta.

Que la cifra no haya sufrido un incremento no significa que la situación mejore. La secretaria general de Caritas, Antònia Florit, explica que "la gente busca alternativas", ya sea un apoyo en el tejido familiar y social, la búsqueda de trabajo en otro enclave o el retorno al país de origen.

Una de las preocupaciones importantes que manifiesta la trabajadora social de Caritas es que la mayoría de los beneficiarios son víctimas de la crisis permanente que se está viviendo desde 2008 y acentuada desde 2010. Estas personas tienen poca estabilidad laboral y residencial, con una falta de planificación a largo plazo.

En cuanto al perfil, Gloria Ventura desvela que una mitad son extranjeros y la otra, españoles, con hijos, conviviendo en régimen de alquiler y en situación de desempleo de larga duración o sin trabajo. Predominan las personas con estudios primarios y secundarios. Destaca a su vez la carente vida laboral, sobre todo en mujeres que no han trabajado nunca fuera de casa y hombres que están en situación de desempleo. Asimismo, Ventura indica que los sectores de la construcción, hostelería y servicio doméstico aglutinan un 56 por ciento del total de las personas atendidas en el banco de alimentos.

Esta situación implica una precariedad económica familiar muy importante con la dificultad de poder cubrir las necesidades básicas.

Respecto a la nacionalidad citada anteriormente, Florit resalta que los números desmitifican el tópico de que son solo los extranjeros los que se benefician de los servicios de Caritas. "El organismo atiende a todas las personas más desfavorecidas y con menos o nulos factores de protección para paliar su situación, el principio fundamental de Caritas es la fraternidad", asegura.

Por su parte, la trabajadora social Gloria Ventura avanza que la población autóctona está cada vez más representada en este colectivo de necesitados. No obstante, hace hincapié en que "la sociedad isleña está perdida, nunca antes habían necesitado una ayuda social y ahora no saben ni a donde dirigirse". Además, y debido a la vergüenza social, muchos siguen sin pedir ayuda aunque la situación sea límite. "Menorca no ha llegado a la fractura social gracias al cojín familiar", señala Florit, quien reitera su convicción de que hay núcleos familiares que sobreviven gracias a las pensiones de viudedad o la jubilación de los padres.