Los locales deben vaciarse completamente para poder llevar a cabo un estudio topográfico

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En el puerto, a los pies de las murallas de Ciutadella, las cuevas de Baixamar siguen pendientes de su futuro. Al clausurarse en 2019 los restaurantes tras la finalización de las concesiones, el Ayuntamiento no descarta ahora ningún uso. Deberá ser, eso sí, acorde al Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico y Artístico, al tratarse de un elemento catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).

Como museo marítimo, como han sugerido algunas entidades; como restaurantes, como reclaman desde el sector; o destinado a cualquier otro uso compatible. «No nos cerramos a nada», señalaba este miércoles el concejal de Urbanismo, José López, con relación a las voces que reclaman que estos locales municipales se vuelvan a ceder a la iniciativa privada.

En estos momentos, el Ayuntamiento dispone ya de un levantamiento topográfico parcial de los locales. «Pero solo de los que están vacíos; se ha retirado mucho, pero queda mucho por sacar; hasta entonces no podemos tener el estudio completo», apunta el edil, refiriéndose a cámaras frigoríficas y diverso material de restauración que sigue ahí.

Y es que la cueva, que es una pero que cuenta con múltiples tabiques que la dividen, es un «auténtico laberinto» que es preciso demoler. Por eso «necesitamos redactar un proyecto de recuperación», para luego «ver qué se puede hacer allí». Sea como fuere, asegura López, que «seguro que, si son restaurantes, no será en esas condiciones, no puede repetirse que las cocinas tengan sus chimeneas en la misma puerta de entrada del restaurante o arriba, en el lateral del Ayuntamiento».