Una mujer pasea delante de una entidad bancaria en Ciutadella | Josep Bagur Gomila

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Las familias endeudadas con una hipoteca a tipo variable van a sufrir más para afrontar las cuotas mensuales, tras la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de subir el precio del dinero en 0,5 puntos, el mayor aumento en 22 años. De hecho ya lo están haciendo. Un menorquín con una hipoteca variable por un importe de 146.000 euros -el préstamo medio en la Isla- ya paga ahora, si le han aplicado la revisión anual, 92 euros más en su cuota mensual de lo que pagaba a finales de 2021.

Ese es el efecto de la tendencia alcista de los últimos meses, con el retorno del euríbor, el índice de referencia para la mayoría de los préstamos hipotecarios, a un valor positivo en junio (0,85), tras marcar su cifra más baja en diciembre del año pasado (-0,50). Pero los aumentos no se van a quedar ahí, después del giro en la política monetaria europea en un intento de corregir la inflación desbocada.

El economista y director técnico de la Fundación Impulsa Balears, Antoni Riera, advierte que familias y empresas deben «irse adaptando a partir de ya» al nuevo escenario que se presenta para el otoño. Los principales perjudicados de la subida de los tipos de interés son quienes tienen suscrita una hipoteca variable, con un euríbor que según las previsiones puede llegar al 3 % el próximo año.

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Las entidades financieras plantean diferentes contextos, en el más pesimista, con un euríbor al 3 por ciento (es lo que se espera para 2024 «perfectamente», señala Riera) ese incremento de la cuota mensual respecto a la que se pagó en diciembre de 2021 podría llegar a 260 euros; en el más optimista, con un 1,78 (estimación de CaixaBank para 2023), la subida mensual sería de 161 euros.

Los hogares hipotecados tendrán que afrontar ese aumento en el pago de la vivienda «en un contexto de subida de precios importante en la cesta de la compra y energética», señala Riera, quien augura que «todavía se va a ver tensión en los precios tanto de alimentos, como de la energía, la vivienda, la materia prima o el coste laboral», algo muy difícil de controlar, no basta con la política monetaria. Esta influye en la inflación pero también afectan problemas como las restricciones de oferta en materia de alimentos, materias primas, bienes intermedios y la energía por cuestiones geopolíticas, como la invasión de Ucrania por Rusia.

El objetivo de estas medidas de subidas de tipos es, explica el economista, «enfriar» la economía, llevarla a una desaceleración pero sin que entre en recesión, lograr un complicado equilibrio para evitar que sigan escalando los precios.

La inflación está en dos dígitos, con una tasa de variación anual del 10,2 por ciento en junio, un 1,9 por ciento más que en mayo. Riera prevé que sigan las tensiones inflacionistas y unas tasas de crecimiento más bajas sin llegar a la recesión, y que la inflación en 2023 se modere, pero sin que eso lleve a tipos de interés más bajos. «Estamos en un escenario de riesgo y no de incertidumbre», declara, porque en realidad la política monetaria «se está anticipando» y la subida de tipos «no ha cogido por sorpresa».

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