Cristina Martín Jiménez es escritora, doctora en Periodismo y experta en geopolítica.

Cristina Martín Jiménez (Sevilla, 1974) es escritora, doctora en Periodismo y experta en geopolítica, con la investigación de las maniobras de control, manipulación y propaganda. Autora de diez libros, el último de los cuales es «La tercera guerra mundial ya está aquí», hoy interviene en Ciutadella invitada por un grupo de ciudadanos junto a la doctora Nadiya Popel sobre el poder transformador de la lectura. Ayer, por otro lado, participó en la proyección en Maó del documental «The big reset», inspirado en su obra «La verdad de la pandemia».

Aquí hemos vivido de cerca el proceso de la doctora Nadiya Popel.

— Ella desde el principio quiso denunciar una serie de irregularidades, silenciadas por los grandes medios nacionales, que solo han difundido una versión, dejando de lado a quienes presentaban dudas, que hemos sido censurados en un país donde supuestamente hay libertad de prensa.

Usted hace tiempo que anticipaba la pandemia.

— Hace 11 años, en «Los amos del mundo están al acecho», hablaba de la manipulación del conocimiento de las personas para debilitar la sociedad. Y de las tácticas de utilizar las pandemias o del cambio climático provocado por el hombre.

¿Es usted muy valiente?

— Desde pequeña creía en Mafalda, tan crítica con la ONU o con el Fondo Monetario Internacional. Siempre he sido una periodista vocacional y quise dedicarme a investigar el poder. He sido censurada desde mis inicios, pero he podido adelantar lo que hoy estamos viviendo, una élite global, surgida después de la segunda guerra mundial.

Está en su tesis sobre la estructura de poder del «Club Bilderberg», calificada cum laude.

— Grandes centros de poder, élites, que quieren dominar al mundo y han ideado el gran reset (un nuevo mundo) y la agenda 2030. Estamos en una guerra con otras armas; contra la clase media, en definitiva. Con la economía u otorgando poder se compran voluntades.

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¿La pandemia ha generado una masa crítica, si lo comparamos con hace unos años?

—Tengo una posición de observación privilegiada, porque llevo 20 años en eso, sola, predicando en el desierto. Y ahora cada vez hay más personas que se dan cuenta de cosas.

¿Qué podría hacer un ciudadano?

—Los grandes conglomerados de medios de comunicación tienen propietarios; no es un periodismo neutral. Deberíamos ser muy críticos, y esta es la primera lección que hay que enseñar en la escuela. A un mal gobierno o a unos malos profesionales hay que decirles ‘no’.

Los periodistas ¿no hemos sido críticos?

— Esta guerra estaba planteada para estigmatizar a los críticos, tachándolos enseguida de negacionistas o conspiranoicos. Existe el miedo al aislamiento social, y por ahí van. O estás dentro, o te estigmatizan. Se han creado dioses y demonios mediáticos.

¿La credibilidad está en entredicho?

— La OMS o los mismos medios de comunicación han perdido mucha credibilidad. Las siguientes mentiras van a costar mucho trabajo que las personas las aceptemos. Hay mucha gente dispuestas a luchar. Soy optimista.

¿La prensa local qué papel tiene?

— La prensa local tiene más libertad, porque tiene menos presión de intereses y puede ejercer un periodismo más honesto, más puro. Además, hay más contacto con la gente de la calle que puede hablar de grandes temas donde en otros medios está prohibido. La labor de la prensa local es muy importante.