La cabeza de una vaca asomando entre la basura en una celda al aire libre del vertedero de Milà.

Las imágenes a las que ha tenido acceso este diario pueden herir sensibilidades. Numerosos restos de animales asoman medio enterrados entre el resto de la basura que no se consigue reciclar en una de las celdas al aire libre del vertedero de Milà, en Maó. Hay cabezas de vacas y cerdos, pezuñas y sacos de escombros de obra llenas de vísceras de varios animales en diversos estados de descomposición. No deberían estar ahí, entre botellas de plástico, zapatillas viejas, trozos de madera, juguetes rotos y demás elementos que por desgracia sí se conoce que se esconden bajo tierra a las puertas del Parque Natural de S’Albufera des Grau, prácticamente en el corazón de la Reserva de Biosfera.

La aparición de estos restos de ganado en el vertedero es reciente y constituye una manifiesta irregularidad. Los llamados subproductos -los que no usan para el consumo humano alimentación- de animales de granja que llega al Área de Gestión de Residuos de Milà deben ser incinerados -a un alto coste, por cierto- y en ningún caso pueden ser volcados con el resto de fracción resto, la basura que no puede ser de algún modo reciclada, por contrato máximo el 30 por ciento de lo que llega a la planta desde que se firmó la nueva concesión con la Unión Temporal de Empresas «Es Milà», formada por PreZero España y Adalmo.

Expertos consultados afirman que esta imagen es la de un cerdo hinchado por su estado de descomposición.

Abierta una investigación

Desde el Consell, responsable último de la gestión de este servicio a través del ente público mancomunado Consorci de Residus i Energia de Menorca, conocieron el caso ayer a través de la preceptiva llamada de Menorca-Es Diari antes de la publicación de las imágenes. La sorpresa ha sido mayúscula y confirman que en ningún caso esos restos de animales deberían estar ahí. Sin más que añadir por el momento, han iniciado inmediatamente una investigación que puede tener múltiples derivadas y que parece fácil presuponer que no se agotará en una simple depuración interna de responsabilidades.

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La eliminación de restos de ganado no es una cuestión menor. Y ha llevado fuertes tensiones en el sector ganadero desde hace tiempo. En Menorca la empresa concesionaria de Milà tiene el monopolio de la incineración y desde Ciutadella, donde se concentra buena parte de la actividad ganadera de la Isla, han venido denunciando el alto precio del servicio, que actualmente tiene un coste aproximado con IVA de casi un euro por kilogramo.

Saco lleno de vísceras. La desagradable imagen de un saco industrial lleno de vísceras y otras partes de desecho de animales desparramadas en el vertedero. Uno de estos sacos puede llegar a pesar 400 kilogramos e incinerarlo cuesta unos 400 euros.

Dicho así no parecería mucho, pero hay que tener en cuenta que, según fuentes consultadas por este diario, sacos llenos de entrañas y otros restos animales descartados para la alimentación como los que se ven en la imagen anterior pueden llegar a pesar unos 400 kilos, esto es 400 euros por llevar a incinerar un subproducto que, vistas las imágenes -y sin saber en este punto si se trata de un caso puntual o de una práctica continuada-, termina volcado con el resto de la basura.

Existen otras vías de eliminación de los restos no aprovechables del ganado muerto. Una de ellas es la congelación y posterior envío a la Península para ser revalorizado para, por ejemplo, elaborar comida para perros o compost. También es posible enterrar los animales muertos ‘in situ’ algo que en su momento estuvo prohibido por la famosa crisis de las ‘vacas locas’.

El apunte

El proceso correcto: 5 días en frigorífico, incineración a 850º y recipiente hermético

El horno de Milà trata los residuos de la agricultura, caza y pesca, así como de servicios veterinarios. Tiene capacidad para 500 toneladas al año y el tratamiento sigue un protocolo establecido que se describe en la página web de la empresa gestora. Los restos se almacenan cinco días en una cámara frigorífica, luego se incineran a 850 grados y las cenizas se depositan en contenedores de plástico herméticos, se pesan y se llevan al vertedero.