Gonçal Moll, en la sede de Es Nàutic, junto al logo del centenario.    | Josep Bagur Gomila

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El 12 de abril de 1923 se constituyó el Club Nàutic Ciutadella, entidad que ha logrado mantener viva la pasión por el mar, los deportes y las actividades náuticas, haciendo frente a un sinfín de vicisitudes. Hoy, «es el club más antiguo de los veinticuatro de la Asociación de Clubes Náuticos de Balears», y es «gracias a más de 4.000 socios y un montón de directivas que lo han hecho posible». Así lo valora Gonçal Moll, el presidente de la entidad, que tiene 780 socios y en la que la directiva actual ha introducido profundos cambios para su modernización.

¿Cuál es la situación del club?

—Es buena, pero había que darle un buen revolcón, informatizando el club, que en 2021 iba a base de bolígrafo; con la reforma de la sede que era muy antigua. Había que poner al día todos los contratos de los amarres, que llevaban doce años caducados, y hemos eliminado la lista sexta (para barcos de recreo destinados a fines lucrativos comerciales). Hoy, todas las barcas amarradas son de lista séptima (para la práctica deportiva o de recreo sin ánimo de lucro). Hubo quejas, pero era necesario.

¿Ha sido intensa la gestión de la nueva directiva, después de    casi año y medio en el cargo?

—En pocos meses hemos hecho mucho. Solo en los seis primeros meses hablamos con los arquitectos, hicimos los planos, los presentamos a Ports de les Balears, lo aceptaron, salieron a exposición pública y se iniciaron las obras.

¿Fue ágil la gestión de Ports?

—Con nosotros, sí. Un miércoles entregamos el proyecto y el lunes lo revisaba un técnico. Nos han puesto todas las facilidades.

¿En qué consisten las obras?

—Es una reforma del edificio. Ya están listos los trabajos del primer piso, donde se ha creado un trozo más de terraza. En la azotea se han reubicado las infraestructuras y se ha preparado para, más adelante, instalar placas solares. Hoy mismo el bar y el restaurante se trasladan al primer piso, durante un mes y medio, para empezar las obras en la planta baja. Cuando acaben, desde allí se podrá ver toda Ciutadella, porque se reubica el bar. Además, la cafetería tendrá una puerta corredera, que en verano permitirá que sea todo como una terraza cubierta.

Han surgido complicaciones con las vigas del edificio, ¿cómo ha encarecido las obras?

—Sí. El presupuesto era de medio millón de euros. Con las obras se detectaron problemas en 88 vigas. Supone un incremento no previsto, pero todavía no se puede cuantificar. La idea era que las obras estuvieran acabadas el sábado, pero se retrasará unas semanas. Pero para el 1 de junio tiene que estar todo listo.

¿Y el piso inferior?

—Es donde están los almacenes, garajes, o la sede de la sección de Escafandrismo, que cumple 40 años. Allí, las obras empezarán después del verano.

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¿Y las obras para abrir una lavandería y una pequeña tienda para suministros a las embarcaciones en tránsito?

—Decidimos parar estas obras, para poder reformar el edificio, no podíamos con todo. La idea es empezar cuando acabemos la sede, para que en 2024 estén en marcha la lavandería y la tienda, además de la nueva gasolinera, que ya funciona, después de tener 30 años la oficina en un contenedor.

¿Qué han preparado para conmemorar el centenario?

—En los tres primeros meses de 2023 hemos organizado cuatro conferencias náuticas y seis campeonatos, de Balears y de España, un concurso de fotografía conjuntamente con el Foto Club del Cercle Artístic, al que 41 fotógrafos han presentado 291 imágenes. Además, el sábado 22 celebraremos la fiesta del centenario en el Teatre des Born (19 horas), con una gala que se podrá seguir, en directo, por el canal de Es Nàutic en Youtube.

¿Cómo será este acto?

—Incluirá la proyección de un vídeo sobre los cien años del club, habrá un homenaje a cuatro expresidentes destacados, que consiguieron grandes logros, Biel Carulla, que relanzó el club tras la Guerra Civil, y Andreu Triay, ambos ya fallecidos, y Pepe Negrete y Tolo Carrasco. Además, se distinguirá a los tres socios más antiguos, Antoni Cavaller Gener, Juan Cuadros Rescalvo y Guillem Genestar Coll; actuarán Maria Camps y Pere Arguimbau, y Bep Joan Casasnovas explicará cómo ha sido la elaboración del libro con motivo del centenario. También presentaremos el nuevo logo, con un vídeo que explica de dónde sale la idea. Luego, invitaremos a los socios a un aperitivo, en el club.

Hay quejas por el nuevo logo.

—Tenemos una comisión para organizar los actos del centenario. Allí surgió la idea de renovar el logotipo y pensamos que, después de cien años, se podía actualizar. Lo encargamos a Ivan Khanet, y el diseñador nos presentó una serie de propuestas, y nosotros elegimos por unanimidad de la junta.

¿Debe pasar por asamblea?

—No. La nueva ley del Deporte, de 2023, dice que los clubes que se constituyan deben tener logo, pero nosotros no somos nuevos y llevamos un año utilizándolo.

Rafel Torrent, expresidente del club, cree que plagia otro logo.

—Lo que hace con eso es atacar a un gran profesional, y no se debe. Ivan Khanet presentó un dosier de 132 páginas, con el branding de todo el club, con un color distinto para cada sección, para las camisetas, gorras, membretes. No es un plagio. Es como si, por ser el club náutico más antiguo, dijéramos que muchos otros nos han copiado, porque llevan una bandera y un salvavidas.

¿Qué retos tiene el CNC?

—Con todo lo hecho, le quedará el reto que le da sentido a un club náutico, su función social y de promoción del deporte náutico. Otro reto es conseguir la concesión de la marina seca que se construirá en Cala en Busquets. Esperamos que Ports valore la labor social y que no vaya al mejor postor, por lo económico.