El conseller de Medio Ambiente, Simón Gornés, este lunes en el pleno | Katerina Pu

TW
21

Simón Gornés defendió este lunes la corta labor realizada por su ya ex directora insular de Proyectos Sostenibles, de quien dijo que cometió «un error sin malicia», y anunció que el PP promoverá una auditoría sobre el uso del Llatzeret durante los últimos ocho años, es decir, desde que se hizo efectivo el traspaso de su titularidad al Consell en 2015.

En su esperada comparecencia ante el pleno de la institución, aseguró que la prueba piloto para las visitas de escolares se ejecutó con su conocimiento, salvo en los detalles de la decoración, la tarta y las felicitaciones que convirtieron, según dijo, lo que era «una visita guiada con un berenar» en una fiesta de cumpleaños que le costó el puesto a Marta Febrer. La directora «se equivocó» pero para el conseller de Medio Ambiente, Reserva de Biosfera y Cooperación fue «un hecho inocente» aunque «no aceptable», algo que él no habría permitido, dijo, de haber sabido cómo se iba a desarrollar esa parada para el almuerzo, «nadie me advirtió de la forma, tampoco a ella», deslizó, para criticar a continuación que se publicara en los medios como «un fiestorro y no fue así».

La visita está ahora disponible para los centros docentes, dentro del Programa de Salut Jove i Cultura, y cuatro colegios la demandaron «en 24 horas», apuntó el conseller, quien también señaló que la idea había partido de la administradora del recinto, quien elaboró un informe sobre la iniciativa y que Marta Febrer se la expuso a mediados de agosto con la idea de ponerla en marcha este mismo curso.

Noticias relacionadas

Sus explicaciones no convencieron al PSOE y Més, impulsores de la solicitud de comparecencia de Gornés ante el pleno. Una prueba piloto de la que no se sabe cómo se coordinó con Educación, realizada en sábado, al día siguiente de que los docentes se incorporaran al trabajo el presente curso y citando «a gente de su entorno, no parece el mejor criterio», insistió la consellera del PSOE, Bàrbara Torrent, «no se entiende que se haga una prueba así deprisa y corriendo», dijo.

Por su parte, Josep Juaneda, de Més, criticó a Gornés por intentar «maquillar» unos hechos «claros», utilizar «unas instalaciones públicas para una fiesta privada, no sabemos si hubo solicitud de uso», al tiempo que recordó que la licencia del Ayuntamiento de Maó ampara las peticiones de entidades o actividades culturales y de formación como congresos, cualquier otro uso necesita, recordó, un permiso para una actividad no permanente, «eso no ha quedado resuelto con su respuesta», dijo Juaneda, quien tampoco se dio por satisfecho con las explicaciones sobre el proyecto, «¿quién lo redacta y por qué van amigos y familiares, qué criterios se usan y por qué se hace fuera del horario lectivo y el curso escolar, esto no tiene ni pies ni cabeza», concluyó.

A partir de ahí la intervención de Simón Gornés, en el turno de respuesta, se volvió mucho más áspera. Ya lo había advertido al inicio del debate cuando preguntó a la oposición si estaban seguros de querer su comparecencia y también cuando, al acabar su primer turno, finalizó con un «el que esté libre de pecado que tire la primera piedra». Porque a continuación comenzó a enumerar déficits en la gestión de Llatzeret en estos últimos ochos años, todos bajo gobierno de la izquierda, y no escatimó adjetivos para definir la situación que según él, se ha encontrado el PP: un recinto «desordenado», «descuidado», con problemas en la coordinación del personal e incluso de las relaciones laborales, «intolerables faltas de profesionalidad» que daban una mala imagen ante los usuarios; «faltas de respeto entre los trabajadores» y situaciones como «un año y medio» sin el enrole o formalización administrativa del embarque ante Capitanía Marítima de los tripulantes de la barcaza; una depuradora «que no funciona correctamente desde hace años» y un filtro verde «sin tramitar desde 2022», además un vertedero, dijo enseñando la foto a los consellers, dentro del enclave declarado Bien de Interés Cultural desde 1993. Además aseguró, antes de anunciar que se promoverá una auditoría de estos últimos dos mandatos, que entre agosto y diciembre de 2022 todas las actividades y eventos, junto con sus comidas, picoteos o cenas, se habían realizado sin la pertinente licencia municipal. Una acusación que sorprendió a Juaneda, quien dijo que existía un anexo al permiso municipal y que esas «no eran comidas o cenas privadas sino derivadas de las actividades. Es grave que intente esconder las dudas acusando de irregularidades con medias verdades o directamente mentiras», afirmó.

Por su parte, la consellera de Vox, Maite de Medrano, señaló que con Febrer «se dio ejemplo de inmediato» con su cese fulminante, y acusó a la izquierda de tener «una doble vara de medir, para algunos tienen el beneficio de la duda y con otros van a saco, cacería mediática y en plan inquisitorial». De Medrano consideró «improcedente» la actuación de Febrer pero alabó la rápida decisión de Vilafranca, «eso es ejemplaridad y lo demás son rollos», dijo.

El apunte

La ausencia de Susana Mora casi deja el punto sin debatirse

Hasta bien avanzada la sesión plenaria no se supo si finalmente se produciría o no la comparecencia de Gornés en la parte de control, la que reúne las interpelaciones y preguntas que formula la oposición al equipo de gobierno para el seguimiento de su gestión. Esto fue así porque la consellera socialista Susana Mora, de baja por maternidad hasta el 23 de octubre, no asistió al pleno. Su ausencia impidió que se diera el quórum necesario para votar la urgencia que demandaban PSOE y Més y que justificaba la introducción en el orden del día de un punto que no figuraba en el mismo.

La portavoz socialista Bàrbara Torrent no sabía al inicio de la sesión si su compañera de grupo y número uno se incorporaría más tarde, para contar con el número de consellers exigidos; más desconcertado estaba Juaneda ya que la situación quedaba «fuera de mi alcance», comentó a los periodistas. Finalmente, el PP decidió no demorar más este asunto, hacer una excepción y aceptar que se debatiera y votara la urgencia –que se aprobó por unanimidad–, para que Simón Gornés compareciera.

El presidente del Consell, Adolfo Vilafranca, explicó la decisión e insistió en que no debe servir de precedente, añadió que era algo excepcional y que se había acordado tratarlo en la sesión extraordinaria de ayer a pesar de no existir el quórum. Una situación extraña dada la insistencia del PSOE, junto a Més, en reclamar la comparecencia de Gornés, y que el PP y Vox podían haber dejado sobre la mesa si hubieran querido.