Catín Arguimbau Torres | Manolo Barro

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Catín Arguimbau Torres trazó las líneas que han permitido consolidar las compañías de la familia, desde los cimientos que pusieron sus abuelos, Miquel Torres y Esperança Fedelich, hasta hoy, con la incorporación de miembros de la cuarta generación. Todo, gracias a la transmisión de valores y por la voluntad y esfuerzo de todos, pese a lo difícil del trabajo en familia.

La directora de Autocares Torres expuso las cifras actuales, con 15 millones de facturación y 155 empleados, entre la matriz, Inversiones y Servicios Torres Fedelich, Torres Allés Autocares, Torres Fedelich y las empresas participadas, Central de Autocares y Autoreparaciones Bajolí.

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La empresa nació del empeño de sus abuelos, reconstruyendo el primer autobús a partir de una carrocería quemada. Poco a poco se implicaron sus seis hijos. «Los inicios no fueron fáciles y muchas veces no teníamos para comprar gasoil».

Los seis hermanos, hoy ya jubilados, hicieron crecer el negocio y lo dejaron en manos de la tercera generación, donde diez de los trece nietos han llegado a trabajar allí.

La clave del éxito, valoró Torres, es que todos hayan empezado desde abajo, sin privilegios, aprovechando las fortalezas de cada uno. Así, «el relevo se ha hecho de manera planificada y natural», incluso, contando con asesores especializados en empresa familiar, para elaborar un «protocolo familiar» que plasma la sucesión de las compañías y otras cuestiones fundamentales para «la buena relación empresa-familia».