Josep Llinàs, durante su charla en el Colegio de Arquitectos.

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El arquitecto Josep Llinàs es el autor del proyecto de la reforma que se prentendía llevar a cabo en la Sala Augusta para convertir este edificio en la nueva sede del Conservatorio. El viernes por la tarde ofreció una conferencia en la sede insular del Colegio Oficial de Arquitectos de Balears, y dedicó la segunda parte de esta charla a este trabajo cuya ejecución acaba de ser frenada, desestimada por el Govern, de acuerdo con el Ayuntamiento de Maó.

Llinás comentó que, tras un primer freno al proyecto, luego se recuperó «con un cambio sustancial» ya que «lo que era un aparcamiento se tenía que convertir en un auditorio», una modificación que añadió dificultad a su ejecución, en parte porque los pilares del aparcamiento desaparecen y «se debe contar con una estructura más potente», además de una salida de emergencia por Es Freginal.

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El arquitecto catalán admitió que, de entrada, el proyecto de reforma de la Sala Augusta «es de una complejidad enorme, técnicamente no es fácil, con vigas de escala ferroviaria». Comentó en la conferencia que intentó en todo momento dar fuerza a una fachada que «es algo débil».

De hecho, no se definió Llinàs como muy apegado al valor arquitectónico del antiguo teatro, «todo el proyecto estaba condicionado desde el principio por la conservación de la Sala Augusta, cuando como representación de algo tiene un valor importante pero como arquitectura no es tan potente». Es más, a preguntas del público asistente, reconoció que si no se lo hubieran exigido las bases de la convocatoria para el diseño del nuevo edificio «no hubiera sido tan riguroso» con el inmueble actual, del que dijo que «tiene la edad camuflada, cirugía estética».

Josep Llinàs explicó que durante todo estos años que le ha acompañado el proyecto, ya que ganó el concurso inicial en 2011, «me ha costado hacerlo entender», por lo que ha recurrido habitualmente a planos muy básicos, que mostró durante la conferencia. Como curiosidad expuso que determinados volúmenes de la parte más occidental del edificio estaban orientados a ocultar la presencia «del edificio de Telefónica, que es un bodrio en este contexto».