Pol Segura de pie junto a su cámara minutera

Todos los domingos, Pol Segura Sintes prepara su papel fotográfico, fijador, revelador y carga sus cámaras. En el rincón con mejor luz de Es Freginal de Maó, dedica las mañanas a fotografiar a quienes se acercan, por curiosidad o romanticismo, a observar un proceso mágico de puro simple: la técnica de la fotografía minutera o fotografía de cajón. Dentro de una cámara oscura que lleva incorporado un laboratorio completo, se proyecta a través del lente una imagen invertida del sujeto. Luego, la obturación contada con chasquidos de los dedos. Click. Dentro de la cámara, Pol retira el negativo y lo sumerge en dos químicos: fijador, para que la imagen quede nítida, y revelador para que el haluro de plata del papel fotosensible se desvanezca, dando paso a la fotografía.

Pol Segura realizando un positivado de una fotografía en la calle

Una fotografía artesanal

Este formato visual que cabalga ente el arte y la artesanía tuvo su edad de oro en España durante los últimos años del siglo XIX buena parte del XX. El primer aparato minutero fue patentado en Catalunya en 1887 por Joan Cantó i Mas, con el nombre de «Báscula fotográfica automática» y fue expuesto en la Exposición Universal de Barcelona en 1888. «Utilizo el mismo proceso que se usaba entonces, cuando el de fotógrafo minutero era un oficio muy extendido en Europa. Comencé a acercarme a este formato en 2015, mientras estudiaba carpintería en la Escuela Massana de Arte y Diseño de Barcelona. Fabriqué mi primera minutera y me dediqué a hacer retratos por el Raval hasta que aprendí a dominar la técnica», destaca Pol, en diálogo con «Es Diari». «Mis primeros pasos los dí con el fotógrafo David Berenguer, que me introdujo en este mundo y me ayudó a endender el funcionamiento de las cámaras. Al poco descubrí que mi abuelo, Pepe Sintes, había sido minutero en Menorca. Entonces fabriqué mi primera cámara con uno de sus viejos lentes, que todavía utilizo», confiesa Pol, que también se dedica profesionalmente a la carpintería y las artes plásticas. «Son dos universos que tienen bastante que ver entre sí. La carpintería me permitió crear las primeras cámaras y la formación académica y artística en la Massana, darle un sentido estético, más allá de la foto», destaca.

Nunca el tiempo es perdido

En la era de los móviles con tres y cuatro cámaras de fotos incorporadas, de la producción industrial de imágenes que circulan por las redes a la velocidad de la luz, la apuesta por recuperar este oficio centenario suena romántica. Pol, lo define a su manera: «Sentarse unos minutos a tomarse una fotografía mediante este proceso supone un ejercicio de paciencia, de cambio de ritmo. Un contraste de tiempos. Tanto fotógrafo como fotografiado disfrutamos de un momento de complicidad, una charla amistosa y finalmente, un recuerdo que queda inmortalizado en papel» y añade que «Hay una apuesta integral por sacar a la fotografía de su rol de producción inmediata y masiva de imágenes. Mis cámaras están hechas a mano con material reciclado. Sacarse una foto minutera es una invitación a frenar la vertiginosidad del mundo» enfatizó.

Punto de vista

Oficio centenario entre el arte y la fotografía de autor

La primera cámara minutera fue patentada en España a finales del siglo XIX. Desde entonces, el oficio de «minutero» se extendió por toda Europa. Fue el primer invento que popularizó el acceso a retratos para las clases medias y trabajadoras, con la consigna de «una foto en un minuto».

Cada toma se revela en el interior de la cámara oscura, donde se oculta un laboratorio que produce imágenes en papel en pocos minutos.

Pol Segura Sintes ha retomado el oficio de su abuelo Pepe Sintes, y se dedica al retrato minutero en Es Freginal todos los domingos por la mañana. «Fabrico mis cámaras con material reciclado. La experiencia de tomarse unos minutos para sacarse una foto es una propuesta para desacelerar el ritmo».