La feria puso un toque de color a la jornada dominical en Ciutadella, que gozó de un gran ambiente gracias al tiempo agradable y soleado | Katerina Pu

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«Si el tiempo acompaña, y de momento parece que sí, la feria suele ser buena», explica Maria Bagur, al frente de uno de los puestos de la Fira de Sant Antoni en Ciutadella. Una cita a la que su    firma, Es Pinar, especializada en productos locales elaborados de manera artesanal, no suele fallar,    después de que se haya convertido con el paso del tiempo en uno de los eventos con más sabor de la fiesta patronal menorquina.

Una feria que este año ha dado    un nuevo paso adelante en la Contramurada, donde se han acomodado hasta 37 puestos comerciales, seis más que el año pasado, lo que habla muy a favor del gancho que tiene un evento con una oferta, principalmente gastronómica, pero cada vez más variada.

La mayor participación implica según Bagur «una mayor competencia también», en la que el producto local tiene que competir con artículos llegados de otros territorios que juegan con el factor de la novedad a favor. Sin embargo, apunta la vendedora, que «al final, si tu producto es bueno, vendes», y que las ferias siempre vienen bien para darse a conocer.

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Lo que parece claro, vista la amplia participación de puestos llegados desde fuera de la Isla, es que la de Sant Antoni es una cita que los comerciantes tienen apuntada en su agenda de una forma especial. Así lo explica José Luis Miralles, que desde hace 16 años viaja con la firma Productos El Bici desde Extremadura con la famosa torta del Casar como estrella, entre muchos otros manjares.

«Nos gusta venir aquí porque la gente es muy amable y aprecia que traigamos productos que no hay en la Isla», explica Miralles a la hora de justificar por qué una empresa como la suya, que cada semana del año visita una feria diferente por la geografía española, no deja pasar la oportunidad de venir a la Isla.

Aunque de momentos las ventas no han arrancado con fuerza, todos esperan al miércoles como día estrella, por lo que dicta la experiencia. «Aquí siempre nos va bien», resume el extremeño. Y en esa línea se pronuncia también Alberto Rubirosa, desplazado desde Mallorca pero «muy, muy gallego», al frente de un puesto que vende conchas decoradas con corales y minerales y que por tercer año participa en la feria. «El que vende siempre se queja, pero si volvemos está claro que es porque no nos va mal», resume.

La verdad es que ayer no faltaba gente a pie de calle, con un gran ambiente impulsado por el buen tiempo y animado por la mañana por la música y los bailes populares del Grup Folklòric Sant Miquel.