TW
0

Durante la mayor parte de la vida de la humanidad el firmamento fue un espectáculo que a diario se podía contemplar. Ya no es así en nuestra época en que la luz artificial ha invadido todos los territorios urbanos, pero basta mirar alguna vez a la bóveda celeste en un lugar oscuro para intuir la poderosa sensación que debía experimentar la gente del pasado.

En “A la luz de las estrellas”, la periodista británica Jo Marchant repasa el gran impacto que el cielo estrellado ha tenido sobre los humanos. Se trata de un impacto cuyas primeras manifestaciones tangibles las encontramos en las grutas de Lascaux, que empezaron a ser decoradas hace entre 37.000 y 11.000 años antes de nuestra era. Al menos, eso es lo que sostienen algunos investigadores que han detectado en el techo de la espaciosa entrada de la cueva francesa seis puntos planos que coinciden a la perfección con las Pléyades, un cúmulo estelar que, a falta de calendarios, sirve para marcar las estaciones especialmente bien.

La autora, especializada en divulgación científica, escoge otros ejemplos del pasado en los que hay una relación entre monumentos humanos y la astronomía. Este es el caso de Stonehenge, pero podría también ser el de nuestras taules, aunque de ellas no se habla en el libro. También las pirámides egipcias tenían orientaciones marcadas por la estrella Sirio. Y había razones prácticas para ello puesto que el orto helíaco de ese luminoso sol coincidía con la crecida del Nilo.

Es conocido que los babilonios fueron los que transmitieron grandes conocimientos astronómicos a los griegos. Los zigurats, además de ser templos religiosos, servían como observatorios de los astros celestes. Además de estudiar el paso de las estaciones, los mesopotámicos estaban muy interesados en el cielo porque creían en la astrología. En las excavaciones de la biblioteca de Asurbanipal se han hallado tablillas que describen los movimientos del Sol, la Luna y los planetas como si se tratara de la escritura divina con la que recibían mensajes de los dioses que determinaban el comportamiento y las decisiones en todos los aspectos de la vida humana. En un compendio llamado Enuma anu Enlil se reúnen hasta siete mil presagios que vinculan los movimientos siderales a la suerte de las personas.

“Cuando la Luna se eclipse durante la vigilia vespertina en el mes de Ajaru, el rey morirá”. se lee por ejemplo en una tablilla.

Marchant relata también como poco a poco la ciencia consiguió refutar la presunta influencia de las estrellas sobre los destinos humanos, una idea que durante mucho tiempo fascinó a la gente y que, pese a todas las evidencias en contra, sigue contando con algunos adeptos.

Otros temas que se abordan en el libro son la relación entre el cielo nocturno y la navegación, o la vinculación entre las estrellas y el poder o el arte moderno, aunque este último aspecto me ha parecido un poco forzado. Igualmente trata de los esfuerzos para contactar con civilizaciones extraterrestres y de la eventual influencia de la majestuosidad del cielo estrellado sobre nuestro psiquismo.

A la luz de las estrellas

Jo Marchant

Traducción de Patricia Orts

Editorial Espasa

445 páginas