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El cielo estrellado, además de un espectáculo del que podemos disfrutar cuando no hay contaminación lumínica, ha servido históricamente a la humanidad como una referencia para orientarse sobre el paso de las estaciones. Los astros empezaron a estudiarse por razones prácticas y quizás también religiosas y el conocimiento que ello supuso amplió otros campos del saber humano. Ya antes de Galileo, quien creía que el universo era un libro que podía leerse si conocíamos su lenguaje, muchos hombres y mujeres pusieron sus ojos en el firmamento para tratar de encontrar respuestas al sentido de la vida.

Desde diferentes perspectivas, dos nuevos libros nos hablan de esta búsqueda de las señales y patrones escritos de la bóveda celeste. Se trata de “Por qué mirábamos las estrellas. Así interpretaban el Cosmos nuestros antepasados”, de Antonio Pérez-Verde y “Una historia del universo en 100 estrellas", de Florian Freistetter.

El primero es como su título apunta un estudio de arqueoastronomía de carácter divulgativo. Su autor, ingeniero y divulgador científico, miembro de la Sociedad Española de Astronomía, nos lleva de paseo por distintos monumentos como Stonehenge, la ciudad de Tihuanaco o el dolmen de Totanés en Toledo en los que existen evidencias muy fundadas de su función como observatorios astronómicos debido a sus orientaciones que apuntan a los solsticios o los equinoccios solares.

La excursión de Pérez-Verde comienza en la Cueva de Lascaux, en la región francesa de Nueva Aquitania. Entre las pinturas rupestres, las más antiguas de las cuales datan de hace más de 18.000 años, se encuentra una figura de un toro con un ojo rojo (Aldebarán) y unos puntos, que podrían ser, según algunos arqueólogos, una representación de la constelación de Tauro y de las Pléyades.

Como dice el también divulgador científico Daniel Torregrosa en el prólogo de “Por qué mirábamos las estrellas”, “el viaje a los orígenes que nos propone Antonio Pérez-Verde, es un viaje de inmersión, emoción y evolución”.

Esas mismas cualidades la encontramos en “Una historia del universo en 100 estrellas”, del doctor en Astronomía por la Universidad de Viena, Florian Freistetter. En cien capítulos, cada uno dedicado a un astro, estrella o galaxia diferente, el autor trata de enseñarnos todo lo que hoy sabemos de los cuerpos celestes.

De la mitología, a la ciencia ficción, desde la estrella de Belén a la misión Gaia, Freistetter ofrece una visión miscelánea de los cuerpos celestes en la aprenderemos muchas cosas sobre ellos y sobre algunas de las personas que hicieron posible su estudio y han dio descifrando algunas de las letras con que está escrito nuestros cosmos. Personalidades muy conocidas como Copérnico, Kepler, Tycho Brahe e Isaac Newton se alternan con otras tan poco divulgadas como las astronómas Dorrit Hoffleit, Hentrietta Swan Leavitt o Cecilia Payne, a quienes debemos hallazgos como el número de estrellas visibles a simple vista en la bóveda celeste, el cálculo de las distancias en el universo o los principales componentes químicos de las estrellas.

Dos obras que nos invitan a ver el universo con otros ojos.

Por qué mirábamos las estrellas. Así interpretaban el Cosmos nuestros antepasados

Antonio Pérez-Verde

Editorial Cálamo

196 páginas

Una historia del universo en 100 estrellas

Florian Freistetter

Traducción de María José Díez Pérez

Editorial Ariel

331 páginas