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Me gustó mucho ese título de un libro de Javier Echeverría que ganó el Premio Nacional de Ensayo. En él nos habla del "tercer entorno". El primer entorno del hombre fue rural, ligado al campo y a la naturaleza: espacio y tiempo se acomodaban al ritmo natural de las estaciones. El segundo entorno fue urbano, la "polis", lugar de la revolución industrial. Es en el que hemos vivido hasta hace poco. Pero el tercer entorno es virtual, la "telépolis", el vasto mundo de la información que circula por la red, a través del espacio y el tiempo, transformando nuestra forma de vida para siempre.

Los entornos no desaparecen, sino que coexisten integrados e influyéndose unos a otros. Los móviles, internet, el cine, la televisión, las tarjetas de crédito, los millones y millones de datos que flotan por ahí sin que seamos plenamente conscientes de la mayoría de ellos, ni de quién los controla. Los nuevos amos son los "señores del aire".

Antes, la gente vivía "atada" a su lugar de nacimiento. Viajar era costoso y azaroso. Pero ya Colón hizo que nuestro mundo se acercase y unificase un poco más. Podemos decir que, antiguamente, un océano era cosa seria. Ahora, volamos por todas partes.

Para bien o para mal, así son las cosas. Puede que tardemos en percatarnos, pero formamos parte de todo este tinglado con nuestras intrincadas redes sociales. Hemos oído hablar de algunas palabrejas nuevas, como: globalización, "deslocalización", ciberespacio... es la sociedad de la información que, como aún está tan verde, nos ha empezado a dar problemas. También la especulación puede ser global y sin fronteras.

Deslocalizamos empresas que se van a cualquier parte del mundo donde haya mano de obra barata y las condiciones de trabajo no sean un problema. Prisiones como Guantánamo se deslocalizan para situarse en un "limbo legal". En los paraísos fiscales, el dinero pasa sus vacaciones lejos del Ministerio de Hacienda (y, a veces, de Justicia). Un avión no tripulado que se maneja desde el Pentágono, puede disparar misiles en Afganistán.

Y las operadoras de Telefónica España que nos hablan desde Tetuán o Tánger, y que no se llaman ni Pili ni Pepa, sino Leila o Fátima, cobran menos de un tercio que aquí y trabajan en peores condiciones.

El tercer entorno está aún por civilizar. Una cosa es descubrir y explorar un territorio nuevo, y otra muy diferente, ordenarlo para poder vivir en él. Si no hacemos las cosas a la medida del hombre, no seremos más que unos títeres que los poderosos manejan a su antojo, como siempre ha ocurrido en el pasado. Quisimos dominar las fuerzas ciegas de la Naturaleza para utilizarlas a nuestro favor.

Hoy la batalla no está en los campos ni en las metrópolis, sino en el aire.

Cuentan la anécdota de aquel señor mayor que, cuando los teléfonos móviles eran todavía una novedad, respondió a una llamada de su mujer diciendo:
- ¿Cómo has sabido que estaba aquí?