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El placer de viajar es un componente más de las vacaciones. Por este motivo una de las causas que pueden contribuir a difundir una mala imagen de un destino turístico es que el transporte se convierta en una pesadilla para el pasajero. Y esto es lo que ha pasado en Menorca. En los últimos días, el Aeropuerto ha sido escenario de diversas situaciones negativas en unas jornadas de intenso tráfico debido a que la temporada alta está en su zenit. La noche del sábado al domingo y la del lunes al martes, el aeródromo se convirtió en un improvisado hotel donde tuvieron que pernoctar decenas de pasajeros, con la incomodidad e indignación que este hecho provoca. La sucesión de retrasos de determinados vuelos de Spanair y Vueling, obligó a AENA a mantener abiertas sus instalaciones para alojar a las personas que no tenían a donde ir mientras esperaban la salida de su avión. A ello se sumó que Air Nostrum y Air Europa acumularon igualmente importantes demoras. Entre los afectados también había residentes, desgraciadamente más acostumbrados al efecto "ratonera".

Evidentemente hay circunstancias que son imprevisibles, pero las compañías están obligadas a poner todos sus medios para dar la mejor y pronta solución a sus clientes.