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Democracia es votar en libertad a los políticos que nos van a recortar la libertad. (José Mª Pons Muñoz)

Después de unas elecciones generales, los partidos nombran una junta de sus respectivas direcciones para analizar la campaña electoral y sus resultados. No estaría de más que los votantes también, en nuestra intimidad, hiciéramos algún tipo de análisis de las elecciones.

Para nada me parece justo que estemos utilizando un sistema para la contabilidad de los votos que hace que estos tengan un valor distinto según a quien y donde decida el votante dar su voto. Les pongo algún ejemplo: IU consiguió el domingo 1.680.810 votos, le han correspondido 11 diputado; CIU, con 1.014.263, le han correspondido 16 diputado; UPyD consiguió 1.140.242 votos pero le han correspondido solamente 5 escaños. Para que se den cuenta de lo injusto que este sistema puede llegar a ser, fíjense: CIU con 25.979 votos menos que UPyD ha conseguido nada más y nada menos que 11 escaños más, es decir, más del doble. De manera que un partido de ámbito autonómico, como en puridad es CIU, va a ser la tercera fuerza en el congreso español. Al tener el PP una mayoría absoluta holgada, que en modo alguno tendría con una contabilidad de votos lógica, donde cada voto tuviera el mismo valor, CIU no tendrá la preponderancia que sí tendría de haber logrado sólo el PP una mayoría simple, aquella que le obligase a pactar con otras fuerzas para sacar adelante sus votaciones.

¿Qué ese sistema de contabilizar los votos se hace así para que algunas regiones no se encuentren desprotegidas? Yo no acabo de entenderlo de esta manera. Lo que sí entiendo perfectamente es lo que sucede en realidad, que propicia el bipartidismo, que además con esta extraña manera de rentabilizar los votos, sucede que un partido nacionalista, cuando no independentista, sin ninguna influencia en el resto del país, llegue a ser quien realmente condicione la política nacional, es decir, la voluntad de una mayoría. O si lo quieren de otra manera, diríamos que un millón y poquito más de votos pueden distorsionar completamente a 9 o 10 millones de votos que pueda tener el partido que gane unas elecciones, algo como poco realmente notable.

Respecto a eso del bipartidismo, es lo cierto que basta con darse una vuelta por las elecciones de otros países. EEUU tiene en realidad un bipartidismo entre demócratas y republicanos. En Inglaterra, con los tories y los laboristas. A veces (rara vez) ocurre que algún otro partido ha llegado a dar la sorpresa, pero eso es casi anecdótico.
Otro asunto que convendría analizar de las elecciones españolas es la cantidad de votos nulos y blancos para el Senado.

Hace unos días le preguntaban en un programa de TV a un senador para qué servía el Senado, y éste contestó que hoy por hoy para nada o para casi nada.
Creo recordar que fue Zapatero quien dijo que iba a darle al Senado una funcionalidad autonómica. En dos legislaturas este hombre y su gobierno no encontraron tiempo para ponerle solución. Y ahí sigue el Senado como un mastodóntico ente de una burocracia inadmisible tal cual están hoy las cosas de la política y de los dineros.

El Senado debe de ser readaptado para que tenga una funcionalidad útil o en su defecto debe desaparecer ya que el gasto que ocasiona no está para nada justificado en cuanto a la utilidad pública que presta a la ciudadanía, que es a la postre quien lo financia.
Ahora mismo les digo que no me alcanza la razón de por qué tienen a veces los políticos tanta reticencia en corregir aquello que debe corregirse.