TW
0

Maldito sentimiento de culpa. Maldita tralla mediático-educativa. Maldito bombardeo de mensajes para que sigamos haciendo cosas productivas como locos, y para que sigamos teniendo-comprando cosas como si no hubiera mañana. Estoy más que harto de sentirme mal el día que no hago nada.

Nos venden una moto muy perversa y no la quiero comprar. Nos engañaron en los años 90 diciendo que íbamos de cabeza hacia la sociedad del ocio. Nos mintieron sobre los efectos beneficiosos de las nuevas tecnologías, nos explicaron que los avances científicos y la nueva era de la comunicación nos traería un mundo mejor, donde podríamos disfrutar más de nuestras familias, de nuestros amigos, en definitiva de nuestra vida. Una vida que tiene sólo billete de ida, y que es mucho más corta de lo que pueden pensar los adolescentes.

Pues bien era todo una gran mentira, un discurso de cartón piedra elaborado por publicistas y magos de las multinacionales. Compre, consuma, haga, tenga, posea cosas que la harán más feliz. Y caímos en la trampa, y nos convertimos en consumidores dóciles y aplicados. Como dijo el periodista Emile Henry Gauvreay :"nos convertimos en ese tipo de persona que se pasa la vida haciendo cosas que detesta, para conseguir dinero que no necesita y comprar cosas que no quiere, para impresionar a gente a la que odia".

Pero ahora ni el que tenga la posibilidad de trabajar 70 horas a la semana podrá comprar nada que no sea de marca blanca. Hacendado se ha convertido en el rey de nuestras despensas. Somos, como ya dijo alguien, un país sin marca.

Algunos empresarios de la minería han ofrecido a sus trabajadores currar a cambio de cartillas de racionamiento, como un escenario de posguerra económica. Trabajar para comer, pero sólo y exclusivamente para comer. Eso que les gusta tanto a los grandes empresarios y a los gurús de las finanzas, apoyados por una mediocre e insensible casta política, ese falso dios de plástico llamado consumo, ha muerto; nadie va a comprar, porque nadie puede comprar, hasta el Gobierno chino está preocupado porque sus ventas están disminuyendo. Sólo se salvan los productos de lujo que siguen creciendo en ventas.

Y lo que más escuece, es que además de sufrir y padecer la resaca de la fiesta que disfrutaron otros, nos bombardean con mensajitos de que somos vagos, de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y que para purgar nuestros pecados lo que tenemos que hacer es trabajar como mulas sin rechistar, los que puedan claro.

Pues bien, queridos lectores, me importa muy poco lo que hagan productivamente ustedes, en que trabajen; y me importa aún menos lo que ustedes tengan, o cuántas posesiones materiales atesoren; lo único que realmente me importan es que ustedes estén lo mejor posible, y que si están bien compartan su estado con los demás.

Y, por si a alguien le interesa, decirles que estoy bien compartiendo estos artículos con ustedes; y espero, modesta y sinceramente, que el sentimiento sea recíproco.