TW
0

Esta semana se celebra en Fornells una nueva Extreme Man, prueba que además de tener una gran aceptación en el creciente ejército de deportistas locales también atrae a numerosos amantes del sudor de fuera. La organización de pruebas deportivas se ha convertido en una de las mejores ideas que han surgido para lograr la siempre buscada pero nunca bien encaminada desestacionalización. El deporte sin balón esta cada vez más de moda y hay quien busca competir en parajes atractivos para pasar también el fin de semana con la familia. Con suficiente promoción, seguro que hay margen de mejora. Pero en estos momentos existe un tope, una barrera, cada vez más alta. Guillem Bosch advirtió ya hace meses que el precio de los vuelos hasta la Isla eran una traba muy importante para explotar bien este negocio. El adiós de Ryanair en la ruta con Barcelona, el monopolio otoño/invierno en este enlace (vayan ya redactando otra OSP por si las moscas) y la impotencia de la administración pública dibujan un panorama poco alentador. Pero no hay que desmoralizarse. Si desde el ámbito empresarial local surgen ya proyectos animosos para intentar solventar el asunto, desde el deportivo también se puede ser imaginativo. ¡Que el Extreme Man pase a ser un tetratlón para los no residentes! Si ya nadar 76 piscinas del 'Poli', pedalear una ida y vuelta Maó-Ciutadella, y para postre correr una distancia superior al ancho máximo de la Isla es un reto que a algunos nos causa agujetas solo de pensarlo, súmenle ustedes una cuarta prueba: encontrar un billete para llegar a la Isla en temporada baja a un buen precio. Computa el tiempo que el atleta se pase blasfemando ante el ordenador hasta encontrar un billete ida y vuelta sin residente por menos de 150 euros a dos semanas vista. Esto sí que es un deporte extremo. ¡Atrévanse!