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Pasmado me hallo.

Mis más fieles lectores (de haberlos) habrán notado cierta sequía de un tiempo a esta parte en mi producción articulista diletante. La culpa de tal parálisis habría de achacarse al pasmo que me produce el presente, tanto en lo referente a la jovial actividad de nuestros amados líderes y lideresas como en lo que atañe a aquello que las encuestas de predicción de voto ponen al descubierto: nuestra extrema candidez (como votantes).

Porque veamos: si por un chivatazo pillas a tu parienta (esposa o compañera sentimental, tronca o novia) o a tu mandril (marido, pareja de hecho, pareja de desecho y sucedáneos) en pleno repaso de la lección octava del Kamasutra con un voluntario/a que no eres tú; y si en tal tesitura el infractor te explicara a modo de excusa que quien se fue de la lengua es un enemigo suyo y solo quiere hundirle y que ese enemigo también práctica coitos extra muros, en tal ocasión -pronostico- te daría o bien un ataque de ira o bien un ataque de risa.

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Sin embargo, y esto es lo alucinante del caso, pillamos a Mariano destruyendo los ordenadores del menda a quien ya recomendó por sms que fuera fuerte; pillamos a Iglesias en YouTube todo pringado de baba en plena adoración a Hugo Chávez, no en un remoto pasado, no, sino anteayer; trincamos a Felipe recomendando a un mamón ante un capullo, sin olvidar que Zapatero indultó a quien no debía y perdonó millonadas a quien no era justo perdonárselas y ¿cuál es la factura que el pueblo español pasa a estos infractores por sus engaños? Se lo diré: los tres partidos que nos la dan con queso suben al podio de las encuestas en número de escaños.

Solo un país de canelos es capaz de tamaña proeza. Los líderes de los partidos, conocedores del paño con el que trabajan son capaces de escudarse, sin pestañear, en que los jueces sacan los casos de corrupción en fechas preelectorales, o que quienes hablan de Venezuela lo hacen para desviar la atención de lo que pasa en nuestro país. Pero aún siendo ello cierto (la falacia y la demagogia son armas muy populares entre la fauna que nos pide el voto), no hace menos cierto que la fórmula del PP para combatir la corrupción ha incluido borrado de ordenadores o aforamientos de Ritas; ni hace menos real la prolongada y entusiasta sintonía entre Iglesias y ese par de friquis venezolanos con tan vistoso chandal como engolada labia.

Dicho de otra manera. Encontraría razonable que la pareja pillada en renuncio te dijera: lo hago porque me sale de sitio íntimo, si no te gusta, aire. O en su transposición política, «Vale, me has pillado. No volveré a hacer chanchullos; lo de Barberá no lo pude evitar porque se monta un pollo del doce, pero es la última vez, os lo prometo por el niño Jesus». O, «Soy comunista, y me mola un huevo el rollete de Chávez y Maduro, pero ahora, como quiero que no te asustes, pequeño tontolaba, me hago el loco con ese asunto, me tiño socialdemócrata, me voy a visitar el Vaticano si hace falta y no me corto la coleta porque me quedan muchos pases que daros, pedazo canelos.»

Ya os lo aventuro: no caerán esas brevas.