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De repente se acordó de que tenía que ir al aeropuerto. Y solo tenía su maleta con ruedas y un amigo con un ciclomotor. Y ¿por qué no?, debió pensar, subió en la motillo con su amigo y agarró la maleta del asa para ir arrastrándola por la carretera. Y ya está. Cuando Andrea leyó la noticia en el diario «Menorca» flipó. Lo más llamativo es que el vídeo que se colgó se hizo viral, y que seguro que más que recibir críticas por la imprudencia, se puede llegar a convertir en uno más de los retos idiotas que circulan por Internet. Uno de los últimos consiste en bajarse del coche en marcha y dejar la puerta abierta mientras van bailando la canción «In my feelings», ya ha provocado más de un accidente de algunas personas que parece que no llegaron a tiempo al reparto de cerebros.

Estupideces como esta son las que hacen que Andrea pierda la esperanza en la especie humana. Hala, que bruta, que exagerada, todos hemos cometido alguna imprudencia y hemos hecho el imbécil en alguna ocasión y no pasa nada, pensarán algunos. Además los realmente peligrosos son otros como el majareta de Trump, o el zumbado de Kim Jong-un.

O sin irnos al extremo de estos seres siniestros con bombas para hartar, están los personajillos patrios, como los mellizos Casado y Rivera, que cada vez se escoran más a la derechona mas rancia.

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Si hay personas cuyo nivel de gilipollez es agudo en grado supino, ¿qué se puede esperar de los que se dice que manejan el mundo?, solo una inteligencia maquiavélica para manipular a todo dios y sacar tajada al coste que sea. Esa era la visión de Andrea, cree firmemente que el mundo entero se podría explicar mejor a partir del estudio de un pueblo pequeño, que observando los centros de Londres o Nueva York.

Pero que nadie piense que Andrea es una mujer pesimista. También sabe ver los chispazos de vida que hacen que se mantenga una sonrisa a pesar de todo. El último se lo dio la película «Orgullo». Un largometraje basada en hechos reales que muestra como en el año 1984 en Reino Unido, los mineros estallaron en huelga contra Thatcher. Durante la cabalgata del orgullo gay en Londres, gais y lesbianas recolectan dinero para ayudar a las familias de mineros. Sin embargo, la Unión Nacional de Mineros siente vergüenza de obtener dinero de ese colectivo, y es por ello que las lesbianas y los gais deciden acudir directamente a las familias mineras en vez de a su sindicato.

Es guay nivel pro, lesbianas y gais unidos a los mineros para darle en la frente a la Dama de Hierro. Andrea no olvida que fueron la loca de Thatcher y el loco de Reagan los que dieron el último impulso a este sistema económico voraz e inhumano que lo engulle todo. Y la historia mola porque dos comunidades tan diferentes, piensen en lo machista que era el mundo de los rudos mineros, consiguen unir lazos para luchar contra el enemigo común. Vaya ejemplo de solidaridad tan guapo. Igualito que ahora que cada colectivo va a su bola y solo se mueven cuando les tocan a ellos los bolsillos, mientras que si la mierda les cae a otros no mueven ni un dedo, eso es así, aquí y en Sebastopol (que chulo suena el nombre de esta ciudad, si lo repites varias veces es como un mantra relajante).

Andrea continúa con sus reflexiones veraniegas mientras busca en su agenda el teléfono de Julia, sabe que pronto saldrá el juicio por romperle la cabeza a la bestia que la maltrataba con un absurdo busto de Julio César, y quiere estar a su lado. Feliz tercer jueves de agosto, queridos lectores.