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O un océano, el océano Pacífico, porque así se llama -Pacífic- el pintor que expone sus últimas obras bajo el título de «Cartografies de la feminitat» en la sala El Roser, de Ciutadella, hasta el 30 de marzo. Sin embargo, cuando entré en la sala de exposiciones, antigua iglesia de Nuestra Señora del Roser, no había nadie más que la cuidadora. En seguida quedé inundado por la imaginación y la técnica de este pintor, que ya conocía de su larga trayectoria, y le dejé un mensaje que más o menos decía que era demasiado bueno (demasiado bueno para no cruzar el mar, el océano, para instalarse en una de las capitales mundiales del arte, por mucho que ahora mismo corran vientos de crisis). Por algo la pintura es un lenguaje universal, que no necesita traducción, y por tanto no tiene fronteras. No tiene más fronteras que las que uno mismo le ponga, y fronteras son el amor a la tierra que te vio nacer, las relaciones familiares, las necesidades económicas, la soledad y falta de arrojo frente a un mundo que siempre es hostil, incluso para los que están señalados con la estrella de la fortuna. Pacífic Camps ha declarado, respecto de esta exposición, que las diferentes obras que la componen llegan a constituir un relato plástico del que el elemento femenino es el hilo conductor, la feminidad de todo cuanto nos rodea. También he leído en alguna parte que se trata de un pintor figurativo, pero que proyecta su imaginación sobre la realidad que reproduce, transformándola. Ese es, creo yo, el gran mérito de Pacífic: le sobra imaginación y técnica para no tener que calcar la realidad, sino que puede recrearla como artista completo, con un dominio de la forma y el color cuando menos envidiable.

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Le conozco de toda la vida, por algo nació el mismo año que yo y asistió al mismo colegio. Recuerdo que desde siempre destacaba por su facilidad para el dibujo y la pintura, y que ya en los talleres manuales de nuestra infancia pintaba lagos reversibles donde brillaba su creatividad. Por desgracia lo que llaman el «gran público» no es tan grande, y la gente tiende a confundir un buen cuadro con un cuadro bien pintado. Pero no es el caso de Pacífic, que pinta buenos cuadros y además están muy bien pintados. Recuerdo que una vez, en Venecia, una turista cultural exclamó «How strange!» -¡Qué raro!- ante el cuadro de Max Ernst titulado «El ajuar de la novia». Y sin embargo nadie se para a pensar que «raro» significa también que hay pocos, que entran pocos en docena.