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Algunas veces se demuestra que las nuevas tecnologías son una herramienta eficaz para extender las causas justas. El caso de la joven sueca Greta Thunberg es paradigmático. Desde agosto del año pasado, todos los viernes se manifestaba delante del Parlamento sueco con un cartel donde escribió «Huelga estudiantil por el clima». Una oleada de incendios en uno de los periodos más secos de su país le hizo descubrir los efectos del cambio climático. Su actitud y constancia ha levantado un movimiento mundial de los jóvenes para reclamar a los gobiernos un mayor compromiso por el clima. Esta semana intervino emocionada en el Parlamento europeo. Puso el acento en nuestro estilo de vida, que consideramos un derecho, como una de las causas que provoca el cambio climático y pone en riesgo la supervivencia del planeta.

El compromiso de los jóvenes con el futuro es una reacción muy interesante, cuando muchos piensan que solo les importa el corto plazo, el consumo inmediato. Ojalá no solo lideren la protesta sino que también se conviertan en testimonio de los nuevos hábitos, cómplices con la conservación del medio ambiente. Los nuevos estilos de vida no solo los necesita el planeta, sino también los humanos que lo habitan. Porque al final, el clima, la economía y el estilo de vida forman parte de la misma ecuación. La última gran crisis y le revolución tecnológica han dejado abierto el interrogante sobre si el objetivo del crecimiento con menos recursos humanos favorece o cuestiona el tan manido estado del bienestar.

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Los pesimistas creen que nuestro mejor momento forma parte del pasado y que el futuro no es esperanzador si no se pone en marcha un cambio en la economía y en los estilos de vida.

Greta es un símbolo de los tiempos modernos. Sola, desde Suecia, consigue que el mundo abra los ojos. Habría que esperar que esa energía no desaparezca víctima del consumo de la novedad sino que se transforme en algo duradero, que valga la pena.