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Las elecciones generales se han colado por delante de las locales y han trastocado uno de los indicadores más fiables del estudio de tendencias. Hasta ahora los resultados locales eran fiables para conocer el comportamiento del voto en las generales, pero ignoramos el sentido inverso si excluimos los lejanos comicios del 82 y del 83.

Lo normal es pensar que la tendencia es la misma y por eso se habla del partido de vuelta a disputar en casa el domingo 26. La ventaja de la ida, las generales, da confianza al socialismo, parece difícil remontar la goleada del día 28. Sin embargo, el Liverpool acaba de demostrar que hay partido, que la remontada es posible y que cualquier despiste no solo te lleva a la derrota sino al ridículo.

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A falta de mejores estímulos, ese espíritu deportivo apelan los que perdieron, sobre todo el PP, porque los otros aun perdiendo han ganado mucho respecto a su punto de partida. La afición es de casa, está más cerca y sienten más próximo el aliento y cánticos de apoyo como el «sí se puede» que se oye en los estadios con equipos que quieren escapar del descenso, aunque resulta más importante contar con buenos jugadores y una estrategia de equipo.

La afición es ciertamente de casa, pero le cuesta acudir al estadio para partidos de la liga doméstica. La participación en las urnas cae en las locales y europeas. Y ya se sabe que los cambios vienen cuando la participación sube o cuando aumenta la abstención a niveles poco habituales. Constituye un factor a tener muy en cuenta. Solo Es Migjorn, el municipio más pequeño, y Ferreries, el más cohesionado, alcanzaron porcentajes del 74 y del 70 por ciento respectivamente en 2015. En el resto de poblaciones la particpación quedó por debajo del 60 por ciento. La afición prefiere la playas pero esta vez será más decisiva que el equipo.